Cuando el bebé no quiere comer

Causas y soluciones de la inapetencia en los bebés

En ocasiones, la comida es una de las mayores preocupaciones con la que se encuentran los padres durante la crianza. Pero, ¿cuánto hay de cierto en las recurrentes frases 'este niño come poco' o 'es de mal comer'?

A todos nos ocurre que unos días, e incluso temporadas, tenemos más o menos hambre. Lo que es totalmente comprensible en los adultos, es absolutamente reprochable para los bebés y niños. Lo importante no es tanto la cantidad que come el pequeño, sino su peso en función de su edad. Los expertos recomiendan acudir al médico cuando un niño pierde peso o engorda claramente menos de lo normal.

La crisis de lactancia en el recién nacido

Lactancia materna

En el caso de los lactantes, cada bebé, como cada persona, es un mundo y siempre hay que valorar su comportamiento de manera global. Aunque sea obvio, también hay que recordar que no hay que comparar a los bebés, ya que cada uno crece a su ritmo; y, por supuesto, hay que tener en cuenta el legado genético de los progenitores en lo que se refiere al tamaño y a su aptitud ante la comida.

A lo largo del ritmo evolutivo del niño, es muy común que haya momentos de inapetencia hacia la leche materna. Se debe a las denominadas 'crisis de lactancia' o 'huelga de lactancia', que está relacionada con su ritmo de crecimiento. Se sitúan en torno a los 3 meses y los expertos recomiendan calma, paciencia y constancia para que los hábitos alimenticios vuelvan a la normalidad. Fomentar la piel con piel, intentar que mame por la noche cuando esté más relajado y buscar ayuda en grupos de lactancia son algunas recomendaciones prácticas para conseguirlo.

Otros hitos importantes a tener en cuenta en el desarrollo de un bebé pueden ser la incorporación al trabajo de la madre, la salida de los dientes o que hacia el primer año de vida, disminuye su velocidad de crecimiento y, por lo tanto, es normal que se reduzca la cantidad de alimento que ingiere.

Cómo dar a probar nuevos sabores a los bebés

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que se alimente al bebé con leche materna en exclusividad hasta los 6 meses de edad. De hecho, hasta que el bebé cumple un año, la alimentación sólida se considera complementaria de la leche materna. Aunque bien es cierto, que a partir de los 6 meses los pequeños necesitan incorporar hierro en su dieta, por lo que hay que ir ofreciéndoles otros alimentos ricos en este elemento.

Es necesario recordar que la cuchara y las nuevas texturas y sabores resultan extraños para los pequeños, que tienen que ir adaptándose poco a poco, lo que dependerá de su madurez y curiosidad. Por lo que tampoco es necesario ser totalmente ortodoxo e inflexible con la introducción puntual de los purés y las papillas de fruta.

Otra opción totalmente válida, y que cada vez está tomando más protagonismo, para comenzar a saborear nuevos alimentos, es el denominado baby-led-weaning o la alimentación complementaria 'a demanda', que consiste en introducir comidas sólidas en la dieta, permitiendo que el bebé se alimente por sí mismo sin usar cucharas ni purés. De este modo, el bebé se sienta con el resto de la familia a la hora de la comida y se une a los demás cuando está preparado, usando primero sus manos para comer y después los cubiertos.

Una vez más, la paciencia y el respeto hacia nuestro pequeño conseguirán que nos sintamos más relajados y que evaluemos de forma global sus circunstancias temporales en relación a su inapetencia. No es recomendable obligar a comer, ya que como cualquier ser vivo, el niño es el único que sabe lo que necesita comer.

Susana Torres. Colaboradora de Guiainfantil.com y Asesora de lactancia.