Beneficios de la lactancia materna prolongada para los bebés

Qué es la lactancia materna prolongada y qué ventajas tiene para el bebé

Carlota ReviriegoNutricionista

La leche materna es el mejor alimento para el bebé. Está preparada para cubrir todas sus necesidades nutricionales desde el nacimiento y, según la OMS, es el único alimento que el bebé debería recibir hasta los 6 meses de vida. Pero la leche materna no contiene sólo nutrientes, y amamantar no es sólo alimentar al bebé, sino cubrir, ademas, sus necesidades afectivas y emocionales y ayudar al desarrollo de su sistema inmunológico.

A partir de los 6 meses, el bebé está preparado para ir conociendo otros alimentos, sabores y texturas, por lo que se comienza con la alimentación complementaria, ¿qué pasa entonces con la lactancia materna?

Qué es la lactancia materna prolongada

Lactancia prolongada

La leche materna debe seguir siendo la base de la alimentación al menos hasta el año de vida, cubriendo la gran mayoría de las necesidades nutricionales del bebé, mientras que el resto de los alimentos sólo la complementan y no al contrario. Pero, ¿hasta cuándo seguir amamantando?

La OMS es clara al respecto, la lactancia materna debe prolongarse al menos hasta los 2 años, y a partir de ahí, hasta que el tándem mamá-bebé lo decida.

Como mamíferos que somos, nuestro sistema digestivo está preparado para digerir la leche materna, pero esa debiera ser la única leche que tomásemos y, tras el destete natural, ninguna leche de otro animal es, nutricionalmente hablando, necesaria. Es cierto que la leche contiene considerables cantidades de calcio, también vitamina D, y que es una fuente de energía atractiva y de fácil ingestión, ya que un vaso de leche entera de 200ml proporciona alrededor de 125 kcal. Sin embargo, nada de esto la hace imprescindible en la dieta infantil o del adulto, puesto que los micronutientes que proporciona pueden obtenerse con facilidad de otras fuentes.

6 grandes beneficios de la lactancia materna prolongada

La leche materna, sin embargo, presenta otros beneficios. Si bien su aporte energético, aún después del establecimiento de la alimentación complementaria, es considerable, no es éste su principal atractivo. La leche materna aporta, entre otros, desde el nacimiento y hasta el destete, sea cuál sea la edad a la que se produzca:

1. Un amplio rango de micronutrientes (vitaminas y minerales).

2. Proteína del más alto valor biológico.

3. Enzimas y otros cofactores que participan en importantes reacciones en el organismo, muchas de ellas en el cerebro.

4. Bacterias que contribuyen a mantener la microflora intestinal.

5. Anticuerpos, inmunoglobulinas y otros factores de protección inmunológica. El sistema inmune de un recién nacido está obviamente mucho menos desarrollado que el de un bebé de 6 meses y éste a su vez menos que el de un bebé de 2 años, pero la leche materna, al ser un producto vivo, proporciona la protección inmunológica requerida en cada momento. Concretamente, al entrar en contacto con un nuevo antígeno (virus o bacteria), los primeros anticuerpos aparecen aproximadamente a las 4-5h en la leche materna, sumándose a los que el propio bebé produce, aumentando así sus defensas.

6. Protección extra supone también la carga bacteriana presente, que tiene como origen el tracto gastrointestinal materno, y que, por una parte, estimula el sistema inmune para asegurar su óptimo desarrollo, y por otra compite con posibles patógenos con los que el bebé pueda estar en contacto.

Lejos de convertirse mágicamente en agua, como muchas veces las mujeres que amamantan pasados los 6 meses suelen escuchar, la leche materna sigue siendo la mejor leche que el bebé o niño puede recibir, y la lactancia materna sigue siendo alimento y confort como lo era el primer día.