La evolución de los pies de los bebés

Cómo detectar si hay algún problema en el desarrollo del pie del niño

Malena HawkinsPediatra

El pie del adulto consta de 26 huesos, 107 ligamentos y 19 músculos, que nos sostienen y nos permiten caminar durante toda nuestra vida. En la madurez muchos adultos suelen tener problemas en los pies, en ocasiones derivadas de alteraciones en la primera infancia y es por esto que debemos cuidar los pies de los niños. Como apunta J.R. Ebri (especialista en Traumatología y Ortopedia del Instituto Valenciano de Ortopedia Infantil) es importante distinguir entre malposiciones y malformaciones, y valorar la flexibilidad y problemas asociados que puedan existir. 

¿Cómo son los pies de los bebés?

Los pies de los bebés

El pie del bebé es redondeado, con una capa de grasa que no deja ver el arco plantar en los primeros meses de vida. Al nacimiento el pie suele medir unos 7,5 cm aproximadamente (40% del tamaño del adulto), al año miden sobre los 12 cm, aumentando 10 cm en los siguientes 5 años, llegando a los 10 años a tener el 90% de su tamaño final en las niñas y el 85% en los niños. 

Durante los primeros meses de vida, los pies tienen muchos receptores sensitivos, y les sirven a los bebés para procesar información. El artículo 'Podología preventiva: niños descalzos igual a niños más inteligentes', redactado por Isabel Gentil García, Profesora de la Escuela Universitaria de la Universidad Complutense de Madrid, recomienda dejar descalzos a los niños que todavía no andan, ya que el movimiento y el estímulo sensorial a través de los pies descalzos es un factor de estimulación madurativa, del desarrollo propioceptivo y del desarrollo intelectual del niño.

A partir del tercer mes de vida aparece el interés por el propio cuerpo (que será lo primero que el niño explore). En ese momento el bebé comienza a mirarse las manos y empieza a descubrir su cuerpo. 'La imagen de sí mismo que construye el niño (es decir su identidad) tiene su origen en sus sensaciones táctiles, cinestésicas y visuales resultantes de la relación del niño con el mundo', dice el artículo. El niño juega con sus pies y sus manos y eso estimula su desarrollo, porque permite la maduración del sistema nervioso y favorece el control neuromuscular, el desarrollo intelectual y las habilidades sociales.

Durante los primeros 8 ó 9 meses de vida el bebé utiliza los pies para informarse sobre el mundo exterior: toca con ellos todo lo que tiene a su alcance, los manipula y se los lleva a la boca. Antes de empezar a caminar, el bebé necesita la información que recibió de las plantas de los pies y de las estructuras profundas (las articulaciones) para poder coordinar los movimientos y lograr el equilibrio. Por eso no debemos disminuir la sensibilidad de los pies calzándolos, pues informan del mundo exterior, transmitiendo sensaciones de temperatura y texturas que favorecen el desarrollo del niño. En esta etapa quizás no hay necesidad de usar calzado, si queremos evitar el frío en los pies podemos utilizar patucos o calcetines gruesos para permitir la movilidad de los pies. 

Problemas de desarrollo en el pie de los bebés

Los pediatras solemos valorar si los familiares han llevado calzados especiales, ortesis, han tenido callosidades. Deben medirse signos de hiperlaxitud, observar la marcha, explorar otras articulaciones, valorar la planta del pie en el podoscopio, poniéndo al niño de puntillas. Se puede realizar una huella plantar con un calco-tampón. La radiografía no es necesaria en todos los casos, una buena exploración clínica por un especialista con experiencia puede ser suficiente. 

Uno de los problemas más frecuentes en los niños que inquieta mucho a los padres es el pie plano. Si es flexible y reducible no es necesario hacer radiografías, y puede ser fisiológico hasta los 4 años,  siendo acentuado por el sobrepeso y la hiperlaxitud. Debe utilizarse un calzado bajo, flexible en la puntera, con contrafuerte interno, para la mejora de la marcha y de la carga biomecánica. 

Masajes en los pies de los bebés

Al examinar el pie del recién nacido y lactante debemos tener especial precaución, ya que en muchos casos un tratamiento precoz, por ejemplo con masajes, puede prevenir la necesidad de llevar prótesis o incluso de realizar cirugía. Los masajes deben ser suaves, progresivos, favoreciendo la laxitud de las articulaciones, y la utilización de férulas depende de los profesionales y de su experiencia. 

Los masajes a los bebés deben ser un momento de placer para el bebé y el adulto, si el niño no se siente cómodo es mejor parar el masaje. Se recomienda utilizar aceites. Moviendo los deditos del bebé, masajeando la planta con los nudillos, haciendo círculos en la planta del pie, o alrededor del tobillo pueden estimular los pies del bebé y también relajarlos.