4 causas por las que los niños llevan la contraria

Cuando el niño quiere salirse siempre con la suya

Sara TarrésPsicóloga Infantil

Son muchos los padres que se quejan de que sus hijos les llevan la contraria en todo, que les rebaten cuanto dicen o proponen, niños que quieren salirse con la suya a toda costa, niños gruñones, quisquillosos o protestones.

En ocasiones esta malentendida lucha de poderes genera un estrés familiar adicional que lleva al conflicto y a la confrontación, si queremos evitar estas dinámicas negativas debemos entender por qué se comportan de este modo y cómo actuar en cada caso o momento evolutivo.

Por qué los niños se muestran protestones y desafiantes

Causas por las que los niños son protestones

Existen múltiples causas por las que nuestro hijo puede estar llevándonos sistemáticamente la contraria, apuntamos 4 de ellas. 

Fases propias de la infancia y adolescencia: el desarrollo cognitivo y emocional de nuestros hijos pasa por una serie de etapas o fases en las que éstos se muestran caprichosos, gruñones y fácilmente irritables. Son fases que debemos conocer y manejar adecuadamente para evitar que los conflictos propios de esta edad se enquisten y se vuelvan crónicos. Es habitual la testarudez y el comportamiento oposicionista entre los 2 y 4 años, en la conocida fase de las rabietas. De nuevo, sobre los 7-9 años y, mayormente, en la adolescencia volvemos a vivir momentos de autoafirmación y protestas. 

Estilos educativos: los estilos educativos rígidos, autoritarios y/o punitivos pueden producir el efecto contrario de lo que se pretende. Los niños pueden volverse contra los límites, normas y figuras de autoridad. Flexibilizar nuestro comportamiento, aflojar ante algunas demandas, empatizar con lo que sienten y desean puede ayudar a disminuir las protestas.

Aprendizaje de conductas negativas: la mejor fuente de aprendizaje para un niño es la observación. Nuestros hijos viven permanentemente observándonos, imitándonos y poniendo a prueba conductas que ven y oyen, sean adecuadas o no. Bajo esta premisa podemos entender cómo la demostración de enfado, las malas caras o las protestas son conductas aprendidas. Atención con el modo de proceder delante de ellos para no contagiarlos con nuestra negatividad. 

Celos: los celos son otro factor a tener en cuenta ya que pueden cambiar el comportamiento de nuestros hijos de un modo casi radical, un niño que hasta el momento era un encanto de repente pasa a ser un protestón que nos lleva la contraria en todo momento. Sucede que probablemente necesita sentirse atendido y la protesta es su modo de llamarnos la atención.

Qué hacer si el niño nos lleva la contraria

En resumen, las protestas de nuestros hijos son un modo de crecer, de hacer mayores, de  autoafirmarse y construir su propio yo. En realidad no es tan malo que protesten indicándonos que tienen otros puntos de vista o necesidades, siempre y cuando esto no sea una constante en nuestras vidas que dificulte la convivencia familiar. 

Lo mejor que podemos hacer ante un niño que nos lleva la contraria es mantener la paciencia y no entrar en discusiones estériles. Adecuándonos a su nivel de edad, procuraremos que entienda que el desacuerdo existe en todos los ámbitos de la vida, pero que no siempre podemos conseguir lo que deseamos.

Ante protestas constantes y de alta intensidad debemos buscar ayuda especializada, es muy probable que detrás de todas estas protestas se esconda un problema mucho más grave o estemos equivocándonos en nuestro modo de educar.