Cómo son los preadolescentes

Cómo comprender y educar a los niños preadolescentes

Nano López RomeroCoach educativo

Como se dice habitualmente, los niños no vienen con un manual de instrucciones bajo el brazo, algo que nos podría ser de mucha utilidad en ciertas etapas marcadas por los cambios como la preadolescencia.

No obstante, identificar los síntomas y saber acompañar a nuestros hijos en esta etapa está al alcance de nuestra mano gracias a herramientas como la observación, la escucha y la empatía.

Señales que indican que nuestro hijo entró en la preadolescencia

Niño tumbado en banco 

Durante la preadolescencia, se producen muchos cambios físicos y psicológicos. También emocionales. La preadolescencia es la etapa donde tenemos más capacidad de aprendizaje y de mayor interés por aprender cosas nuevas. Además, los conflictos morales, los conceptos como justo e injusto, bueno y malo, comienzan a ser habituales en sus pensamientos.

- Cambios físicos: en las niñas aumenta el pecho, se ensanchan las caderas y su musculatura se afina. En los niños sin embargo ese desarrollo físico es más gradual, si bien puede darse el llamado 'estirón' (un marcado crecimiento en poco tiempo).

- Cambios emocionales: Tanto niños como niñas empiezan a dar una mayor relevancia a la 'amistad'. Se forman grupos (o pandillas) de amigos que se apoyan y se unen más. Los niños se decantan por los juegos más activos, mientras que las niñas comienzan a dar mayor tiempo a las 'charlas'. En ambos, se agudiza la sensibilidad por los temas sociales y sus cambios de estado de ánimo son más evidentes.

Es resumen: una etapa de cambio y necesidades a los que muchas veces no estamos acostumbrados a prestar atención. Es fundamental tomar conciencia de que este camino lo vamos a tener que vivir junto a ellos, por lo que la mejor manera de ayudarles es desde el acompañamiento y no desde la posición de padres protectores.

3 consejos para ayudar al hijo preadolescente

Es en este momento cuando los padres empiezan a perder el control, aunque contamos con varias herramientas para detectar estos problemas:

1. La observación. Debemos observar los cambios que experimentan nuestros hijos, pero sin juzgar ni interpretar, ya que si comenzamos a cuestionarlos, posiblemente pueda suponer un primer paso para el alejamiento.

2. La escucha. Una escucha activa que nos ayude a comprender qué les está ocurriendo. Sólo escuchando podremos descubrir cuáles son esas necesidades no cubiertas.

3. La empatía. Normalmente solemos entrar en el juego del consejo o de imponer nuestro punto de vista sin dar explicaciones. La empatía, sin embargo, nos exige que vaciemos nuestra mente de ego y nos pongamos en los zapatos de nuestros hijos. Esta tarea es, sin duda, una de las más duras que tiene un padre o una madre.

Es decir, no podemos olvidar lo que ellos sienten y que, si queremos que confíen en nosotros, no deben tener la sensación de que lo que sus padres quieren es simplemente satisfacer sus propios deseos.

Por ello, debemos hacerles entender cual es nuestro papel en todo esto, que no es otro que ayudarles a que ellos mismos comiencen a encontrar soluciones a sus problemas. Por algo la preadolescencia es esa primera etapa antes de comenzar la pubertad y, en definitiva, el momento en el que se dan los primeros indicios de independencia.