Cómo transformar los defectos del niño en virtudes

Cómo utilizar la inteligencia emocional en la educación de los niños

María José RoldánMaestra y Psicopedagoga

Personalmente parto de la base de que un niño cuando nace es un ser puro y limpio que no tiene defectos, por lo que este artículo debería acabarse en esta misma frase, pero quiero que entiendas mejor esta postura.

Un niño que viene al mundo es un ser limpio, sin defectos, un niño o niña al que hay que proteger, cuidar y amar ante todas las cosas. Las personas adultas que le cuidan, le protegen y le dan amor son las mismas personas que tiempo después pueden acusar al niño de tener defectos, pero estos 'defectos' no son sino un reflejo de los defectos de los padres que han ido inculcándoles a los pequeños desde el momento que nacieron hasta el día de hoy.

Cuando los defectos de los niños son en realidad virtudes

Niña pensativa

Es curioso cuando se sabe que los 'defectos' de los niños están presentes sólo se necesita un cambio en la actitud del comportamiento de los padres para que los niños puedan mejorar casi automáticamente. Porque vuelvo a insistir, son los padres la clave en la educación e inteligencia emocional de los hijos para que éstos puedan aprender conductas adecuadas o inadecuadas.

Pero después podemos encontrarnos con la personalidad de los pequeños, niños que son 'cabezones', 'despistados', 'movidos', 'malos', pues tengo que decirte que esas cuatro palabras con todas las demás que pueda haber sólo son etiquetas que los adultos les atribuyen pero no son reales, ninguna de ellas.

Por qué nunca hay que 'etiquetar' a los niños

Las etiquetas son peligrosas porque los niños que las reciben se piensan que realmente son 'cabezones', 'despistados', 'movidos' o 'malos' y empiezan a actuar así en consecuencia de lo que los padres y los adultos les dicen, porque para ellos son sus máximos 'representantes'. Y luego parece que esas etiquetas se cumplen, pero se cumplen porque los adultos así lo provocan.

Entonces en lugar de ver los defectos de los niños de forma tan clara ¿por qué no empezar a ver las virtudes que hay en ellos y empezar a cambiar el discurso? 

Por ejemplo, en lugar de llamar 'cabezón' a un niño realmente hay que llamar lo que es: 'tenaz'. O en lugar de llamarle 'despistado' mejor 'creativo', en lugar de 'movidos o malos' 'exploradores y curiosos' y así sucesivamente con cualquier etiqueta que hable de defectos cuando en realidad (y siempre se puede cambiar) se habla de virtudes. 

Sólo de este modo los niños podrán mirar hacia dentro de sí mismos y descubrirse cómo son realmente, viendo en ellos mismos a seres eficaces y capaces, algo imprescindible para su buen desarrollo y crecimiento personal en cada una de las etapas.