Límites y normas en la educación de los niños

Cómo aplicar disciplina desde la infancia

Alba CaraballoEditora de GuiaInfantil.com

Los padres a veces no sabemos cómo poner límites en la educación de los hijos, cómo conseguir que los niños cumplan las normas o cómo imponer una disciplina. En Guiainfantil.com te damos unas pautas para ayudarte en la tarea.

Muchas veces es difícil para los padres encontrar el punto medio entre ser un padre autoritario y ser un padre permisivo. Los extremos en una educación no funcionan. Si somos padres demasiado autoritarios, podemos generar baja autoestima en el niño o que en lugar que él sea obediente, sea sumiso. Si somos padres demasiado permisivos, nuestros hijos podrían carecer de autocontrol y convertirse en niños tiranos, déspotas, agresivos, con los que no se pueden comunicar. Lo ideal sería que fuéramos padres con autoridad para lograr un perfecto equilibrio entre la autonomía y la obediencia, generando así experiencias positivas en la familia.

Por qué necesitan límites los niños

Poner normas a los niños

No hay duda de que todos los niños necesitan esos límites y normas, pero ¿por qué son realmente importantes en su educación? Todos los expertos coinciden en que los niños necesitan que les demos límites porque:

- Los niños necesitan una estructura sólida a la que aferrarse, un modelo de conducta adecuado para seguir y orientarse.

- Los niños necesitan límites para protegerse de los peligros y riesgos. Ellos deben aprender, por ejemplo, que si acercan la mano al fuego pueden quemarse o que al saltar desde un lugar alto pueden herirse y hacerse mucho daño.

- Los niños necesitan saber hasta donde pueden ir en su conducta porque de lo contrario podrían convertirse en niños tiranos.

- Además la ausencia de límites podría potenciar la pasividad y la apatía en el niño

- Y para concluir, los expertos dicen que todos necesitamos límites, algo que nos guíen cuando no conocemos el camino.

7 consejos para imponer normas y límites en la educación de los niños

1- Empezar con los límites desde la más tierna infancia, desde el primer año, en este caso son pequeñas normas: si subes por ahí te caerás, al tocar esto otro podrías romperlo... El bebé tiene que aprender a interpretar e identificar ese NO. 

2- Debemos estar preparados para discutir con los hijos, algo agotador pero necesario. Y es que los niños no aceptan de buen grado renunciar a sus deseos, pero los padres debemos tomar partido en esa edad en la que el niño no es capaz de asumir grandes responsabilidades. Si el niño va a llorar, protestar o gritar si no le dejamos pegar al hermanito pequeño, pues tendrá que llorar, protestar o gritar, pero no le dejamos porque no está bien.

3. Hemos de ser coherentes y consecuentes. Si decimos al niño que no podrá jugar con ese juguete por su mal comportamiento pero no lo cumplimos, el niño acabará no respetándonos. En el otro sentido, tenemos que llevar esa consecuencia hasta el final. siempre teniendo en cuenta que la consecuencia a de estar adaptada al comportamiento. No podemos prohibir al niño ir al parque durante una semana porque no recogió los juguetes.

4. La firmeza: el tono de voz y la seriedad con la que hablemos es fundamental a la hora de poner límites. Debemos mostrarnos serios y pacientes, aunque por dentro tengamos ganas de llorar o de reírnos. No debemos gritar pero sí mostrarnos seguros de lo que estamos haciendo.

5. Debemos olvidarnos del consabido: 'porque lo digo yo y punto'. Los niños han de entender el motivo de una regla: por qué han de irse a la cama pronto, por qué tienen que recoger la habitación. De esta manera ellos podrán desarrollar valores internos de comportamiento. Ah y las explicaciones cuanto más concisas y claras, mejor.

6. Consecuencia educativa. Los expertos nos hablan de los beneficios de dar consecuencias educativas frente a los castigos pero ¿de qué se trata? Con un ejemplo lo entenderéis mejor: 'si no haces los deberes irás al colegio sin ellos y tendrás que afrontar las consecuencias', si no quiere tomar la cena, retiramos el plato y le damos un yogur, para que no vaya sin cenar pero no le preparamos otro plato. Ni le gritamos u obligamos, simplemente les advertimos sobre lo que puede pasar si ellos no hacen lo que deben.

7. No ceder. Cediendo sólo agravamos y prolongamos el problema en el tiempo. Esta es nuestra norma y así has de hacerlo. Estemos seguros de que lo que estamos haciendo, SIEMPRE es y será para el bien de nuestros hijos, para que crezcan felices.