Por qué los niños tienen que tener rabietas

La importancia de las rabietas en el desarrollo infantil

Sara TarrésPsicóloga Infantil

Cuando hablamos de rabietas infantiles, por lo general, solemos hacerlo desde la perspectiva negativa de las mismas. Estamos acostumbrados a ver información y consejos para calmarlas, evitarlas o gestionarlas, pero pocas veces se nos explica que detrás de las rabietas infantiles existen razones importantes que las hacen necesarias. ¿Sabes por qué es importante que un niño tenga rabietas? 

La parte positiva de que los niños tengan rabietas

Niño con rabieta

Es conocido que a partir de los 2 años los niños entran en una fase de oposición sistemática y terquedad. Es justamente a esta edad cuando empiezan las tan temidas rabietas, momento en el cual los padres buscamos rápidamente técnicas para evitar que se produzcan. Sin embargo más que buscar remedios para evitarlas o eludirlas deberíamos empezar por entender por qué se producen y verlas como una oportunidad para educar emocionalmente a nuestros hijos, para que entiendan los límites y desarrollen habilidades sociales que necesitarán en un futuro no muy lejano.

Las rabietas infantiles son normales, necesarias e indicativas de un correcto desarrollo de nuestros hijos entre los 2 y 5 años. A esta edad es absolutamente normal que los niños tengan rabietas. Si bien es cierto que debemos tratarlas de un modo diferente según el nivel de edad de cada niño, a estas edades por sí mismas las rabietas no son indicativas de ningún trastorno.

Las rabietas según la edad de los niños

- Un niño de 2 años con rabietas es un niño en plena formación y desarrollo de su yo, de su  personalidad que explora sus límites y los de los demás.

- Entre los 2 y los 4 años los niños inician una etapa donde necesitan autonomía e independencia para explorar y entender el mundo que les rodea. Es esta necesidad creciente de autonomía la que generará multitud de situaciones en las que el niño se siente frustrado. En otras ocasiones veremos que necesita reivindicarse, expresar sus necesidades, sus gustos o inapetencias, de ahí tantas negativas y del no sistemático a todo durante esta etapa.

A esta edad, el desarrollo del lenguaje expresivo y comprensivo es otro factor que índice en la aparición de las rabietas. Durante este periodo los niños aún no tienen la capacidad suficiente para expresar con palabras todo aquello que pretenden o necesitan. Pero tampoco entiende todo cuanto les decimos del mismo modo que lo hace un adulto. No son capaces de tolerar la frustración y les resulta complicado comprender que no pueden tener siempre lo que quieren. Tampoco son capaces de verbalizar lo que desean, por lo que el resultado es la fórmula ideal para que tenga lugar la pataleta, berrinche o rabieta. Los padres o adultos de referencia debemos aprovechar estas ocasiones para poner palabras a sus emociones y ayudarles en su avance. 

Qué aprenden los niños con las rabietas

- Tras una rabieta el niño comprende los límites, aunque esto no quita que siga probándolos una y otra vez. 

- Tras las rabietas existe el desarrollo de una habilidad social imprescindible: saber decir no,  expresar su desagrado, frustración o incomodidad.  Somos nosotros, los padres, quienes tenemos el deber de enseñarles poco a poco, dar nombre a sus sentimientos y emociones ayudándoles a desarrollar su inteligencia emocional.