La vanidad en los niños

Cómo controlar que nuestros hijos no sean vanidosos

Marta MarcielRedactora de GuiaInfantil.com

Cuando los niños empiezan a experimentar distintas situaciones de la vida, es muy común que empiecen a tener contacto con los valores positivos de las relaciones humanas: amistad, generosidad, empatía... 

Sin embargo, también existen 'contravalores', como la envidia, la codicia o incluso la vanidad, que también están presentes en su desarrollo.

La presencia de la vanidad en los niños 

La vanidad en los niños

Cuando alguien es vanidoso, contamos con el hecho de que se preocupa en exceso por su aspecto físico, sus cualidades o habilidades, y las ensalza continuamente de cara a los demás. Aunque quererse a uno mismo es algo fundamental en la vida, bien es cierto que excederse en este ámbito puede causar problemas de relaciones personales. 

Cuando un niño es consciente de que destaca en algo, es importante que lo sepa y que sepa premiarse, pero también es verdad que aquellos que presumen demasiado suelen contar al cabo del tiempo con el rechazo del resto acusados de sentirse superiores. 

Aunque es algo natural que cuando se sabe que alguien es bueno en algo, él mismo lo ensalce, debe existir un equilibrio para que ni las conversaciones ni los actos se centren únicamente en lo extremadamente positivo de la persona en cuestión. 

Cómo ayudar a que los niños controlen su vanidad 

- Tener claros los conceptos positivos: Para que los niños controlen su vanidad, es necesario que tengan clara la relevancia de saber lo que se les da bien, pero que conozcan el límite entre la positividad que desprende la autoestima y el peligro de pasarse de la raya. Cuando saben que tienen que frenar sobre sí mismos empezarán a concentrarse en su propia humildad. 

- La importancia de mejorar: Para que nuestros hijos no sean presumidos bien con su belleza, con su destreza para realizar alguna actividad o su alta capacidad para desarrollar algo creativo, es importante que les dejemos claro que siempre se puede mejorar, y que nadie es perfecto, sino que los errores se cometen y que todo el mundo tiene derecho a desarrollar lo que a ellos se les da bien.

- El peligro de los cumplidos: Muchas veces, hemos de reconocer que los niños no se darían cuenta de que algo se les da particularmente bien si todo el mundo a su alrededor no se lo recordase de forma constante. Aunque es bueno que los niños vean reforzado aquello que se les da muy bien, también es necesario que no todos los familiares, amigos o profesores lo ensalcen de forma sobresaliente a cada momento. 

- La empatía hacia los demás: Cuando un niño es muy bueno en algo, o todos aquellos que le rodean le dicen constantemente que tiene un físico imponente, esto puede hacer que crea que los demás son inferiores. La empatía hacia los otros es fundamental para que de la autoestima no se pase a la altanería hacia el resto.