El león que se creía cordero. Cuento corto para niños

Cuentos para transmitir enseñanzas a los niños

El león que se creía cordero es un cuento corto que enseña a los niños a aceptarse tal y como son, pero siempre, empleando las mejores de nuestras cualidades para ayudar a los demás.

En Guiainfantil.com te ofrecemos el cuento popular del león Lambert, que vivía creyéndose ser una oveja para que leas a tus hijos en voz alta y les transmitas las enseñanzas y moraleja de esta historia.

Cuento corto del león que creía ser un cordero

El león que creía ser un cordero. Cuentos infantiles

Érase una vez un león llamado Lambert que creía ser un cordero. Por más pruebas que su físico le daba, no atenía a razones, ni podía creer que fuese un león. Pero no se trataba de cabezonería, sino de un grave error cometido por la cigüeña encargada de entregarle durante su nacimiento. La despistada cigüeña dejó al bebé león con una manada de corderos, pero cuando se dio cuenta ya era tarde, una mamá oveja se colocó sobre el león para darle calor y decidida a adoptarle.

Y así fue como comenzó la historia de aquel león que se creía cordero en un rebaño. A pesar de todo el leoncito lo pasaba genial jugando con sus primos, lo cierto es que también había lágrimas, porque el pobre leoncito era el único del rebaño que no sabía embestir, provocando en consecuencia la risa de todos sus familiares y amigos. 

Pasado el tiempo, todos los corderitos crecieron y el leoncito también. ¡Era el mayor carnero del mundo! ¡Qué orgullosa estaba su mamá! Sin embargo, el rebaño cada vez estaba más extrañado de aquella situación, a la que ahora se sumaba el no saber balar. El león se había convertido sin entenderlo en la víctima de todas las burlas de los corderos.

Y así sucedió hasta que, una noche, un lobo hambriento se presentó ante el rebaño. Asustado por los ruidos el león se escondió tras su madre. Pero los ruidos no cesaron y el lobo se presentó ante sus propios bigotes amenazando a su madre con comérsela.

¡Socorro! ¡El lobo me va a devorar!- Gritaba su madre aterrada.

Fue entonces cuando el alma de aquel león surgió feroz, persiguiendo al lobo con todas sus fuerzas. Corrieron y corrieron hasta que ambos, lobo y león, terminaron al borde de un gran abismo; abismo que el lobo no pudo esquivar temeroso como estaba de los grandes rugidos que le dirigía el león.

Entonces el león se dio cuenta de algo. 'No soy oveja; no soy hijo de una oveja. ¡Soy hijo de un león!', pensó Lambert. Cuando persiguió al lobo y protegió a las ovejas, reconoció su verdadera naturaleza. Sin embargo, siguió viviendo junto a las ovejas, convirtiéndose en el héroe del rebaño. Y fue feliz para siempre desde entonces.