Las orejas de burro del rey Midas. Cuentos cortos para niños

Cuentos de la mitología griega adaptada para los niños

La mitología griega contiene las bases de la cultura occidental, por eso queremos acercársela a los niños en forma de cuentos cortos. De esta manera, los más pequeños pueden aprender y divertirse al mismo tiempo con las historias más fantásticas.

En esta ocasión nos acercamos hasta la región de Frigia para visitar al rey Midas, un rey muy avaro que tenía mucho oro pero que siempre quería tener más. Su avaricia llegaba cargada de oro, pero también de mala suerte.

El avaro rey Midas con orejas de burro

Burrito

Había una vez un rey muy avaro que vivía en la región de Frigia. Era el rey Midas, que tenía mucho dinero, muchas riquezas y estaba obsesionado con el oro. Un día le hizo un favor a un dios y éste le concedió un deseo.

- Pídeme lo que quieras y te lo concederé -dijo el dios

- Deseo que todo lo que toque se convierta en oro -dijo entonces el rey Midas.

Deseo concedido. El rey Midas estaba loco de contento porque tocaba cualquier cosa e inmediatamente se convertía en oro. La pared de su palacio, las sillas, las lámparas, hasta las alfombras se convertían en oro si las tocaba el rey Midas. Pero enseguida llegaron los problemas.

Fue a la hora de comer cuando el rey Midas se sentó en su mesa de oro, con su plato de oro y su tenedor de oro. En el momento en que fue a coger un trozo de pan, el pan se convirtió en oro y al morderlo casi se le cae un diente. Lo mismo ocurrió con el agua, que al contacto con los labios de Midas el líquido se volvió oro. 

Casi se muere de hambre y de sed, así que el rey Midas le pidió al dios que se olvidara del deseo que había pedido. El dios estaba muy divertido viendo cómo Midas, que tanto adoraba el oro, había acabado por aborrecerlo. Así que retiró su deseo y las cosas dejaron de convertirse en oro. Pero aquella avaricia requería un castigo y de pronto al rey Midas le salieron unas orejas de burro.

- Mira que eres burro- le dijo el dios al rey Midas. Y se fue riéndose a carcajadas dejando a Midas con sus orejas de burro.

El rey Midas estaba muerto de vergüenza por sus orejas de burro y consiguió esconderlas bajo su corona de rey. Solo su peluquero sabía lo de las orejas de burro y tenía prohibido contárselo a nadie.

El peluquero no estaba muy seguro de poder guardar el secreto y tenía miedo de que algún día se le escapara sin querer. Así que se fue a la orilla de un río, cavó un hoyo muy hondo y susurró en el hoyo el secreto. Así el secreto quedaría enterrado. No contó con que la tierra nos devuelve todo lo que sembramos. Y en el lugar del hoyo creció un enorme junco que se doblaba cuando pasaba alguien y gritaba a los cuatro vientos.

- ¡El rey Midas tiene orejas de burro! -así gritaba el junco siempre que pasaba alguien.

Y así fue como todo el mundo en Frigia sabía que al avaro rey Midas le habían salido unas enormes orejas de burro.

Laura Vélez. Redactora de Guiainfantil.com