La hepatitis C en niños

Los síntomas, diagnóstico y tratamiento de la hepatitis C en niños y bebés

La hepatitis es una inflamación del hígado. Los casos de hepatitis C son más raros y menos numerosos en los niños.

La hepatitis C se transmite a través del contacto directo con la sangre de una persona infectada. No se transmite a través de la leche materna, los alimentos o el agua, ni por contacto ocasional, por ejemplo, abrazos, besos y comidas o bebidas compartidas con una persona infectada.

Contagio y síntomas la hepatitis C en niños

Contagio y síntomas de la hepatitis C en niños

Los síntomas provocados por el virus de la hepatitis C pueden ser muy parecidos a los provocados por los virus de las hepatitis A y B. No obstante, la infección por el virus de la hepatitis C puede conducir, a la larga, a una enfermedad hepática crónica y por lo tanto constituye el principal motivo de transplante de hígado.

El contagio de la hepatitis puede ocurrir al compartir agujas y jeringuillas, al hacerse tatuajes o piercing con instrumental no esterilizado, mediante transfusiones de sangre, mediante el contagio de un recién nacido por su madre infectada, y a través de las relaciones sexuales (aunque se trata de una vía de contagio menos habitual) en adultos.

La hepatitis C es también un riesgo habitual en los centros de diálisis. Raramente las personas que conviven con un enfermo de hepatitis C se pueden contagiar al compartir artículos que pueden contener la sangre del enfermo, como maquinillas de afeitar o cepillos de dientes.

El virus de la hepatitis C (VHC) causa infección aguda y crónica. Por lo general, la infección aguda es asintomático y muy raramente se asocia a una enfermedad potencialmente mortal. Aproximadamente un 15-45 por ciento de las personas infectadas eliminan el virus espontáneamente en un plazo de seis meses, sin necesidad de tratamiento alguno.

Diagnóstico y tratamiento de la hepatitis C en la infancia

Todas las formas víricas de hepatitis C se pueden diagnosticar y puede hacerse un seguimiento de su tratamiento mediante análisis de sangre fiables y fácilmente accesibles.

La hepatitis C no siempre requiere tratamiento, porque en algunas personas la respuesta inmunitaria eliminará la infección espontáneamente. Cuando el tratamiento es necesario, el objetivo es la curación. La tasa de curación depende de algunos factores tales como la cepa del virus y el tipo de tratamiento que se dispensa. Antes de comenzar el tratamiento se debe realizar un examen minucioso a fin de determinar el enfoque más apropiado para el paciente.

Los medicamentos antivíricos pueden curar la infección de la hepatitis C, pero el acceso al diagnóstico y tratamiento es muy limitado.

El tratamiento antivírico logra buenos resultados en el 50-90 por ciento de los casos, en función del tratamiento aplicado, y ha mostrado eficacia para limitar el desarrollo de cirrosis y cáncer de hígado.

En la actualidad no existe ninguna vacuna contra la hepatitis C.