Los beneficios del sol para los niños

Consejos para que nuestro hijo se beneficie del sol de forma sensata

Iván Carabaño AguadoPediatra

En los últimos años, se ha lanzado con toda la razón del mundo una cruzada contra la exposición prolongada a los rayos solares. En esencia, porque la radiación solar se relaciona con la aparición de cánceres de piel, tanto los temidos melanomas como los no-melanomas.

Sin embargo, siempre y cuando se realice de forma prudente y moderada, la exposición al sol también aporta muchos beneficios, tanto para niños como para adultos. 

Las ventajas de la exposición solar para el niño

Niña al sol

El aumento del cáncer de piel y melanomas en los últimos años, ha hecho que la exposición al sol se vea como una amenaza importante, y nos hallamos olvidado de sus virtudes. Aquí exponemos varias de ellas, no sin antes recordar que han de aplicar el sentido común cuando se expongan -ustedes o sus hijos- al astro rey:

1. Efecto antidepresivo. El trastorno afectivo estacional es una entidad caracterizada por la aparición de ciclos de depresión coincidiendo con los meses con menor exposición a la luz del sol (en Europa coinciden con otoño e invierno). El motivo es que la producción de serotonina se reduce si hay escasa luz natural. Puede afectar, no sólo a adultos, sino también a niños y adolescentes

2. Efecto sedante. La luz del sol induce la síntesis de opioides endógenos, hecho que se traduce en bienestar y tranquilidad.

3. Activación de la vitamina D. La mayor parte de la vitamina D que ingerimos está en forma inactiva (como provitamina D2 o como provitamina D3). El sol, y en concreto, la luz ultravioleta B de 290-315 nm, se encarga de su activación inicial, que se completa después en el hígado y en el riñón. Por tal motivo, si se aplica una pantalla solar siempre y en todo momento a los niños, se dificultad la mencionada activación, con lo cual aumenta el riesgo de desarrollar raquitismo. Para prevenirlo, se recomienda la exposición solar sin filtro de cara y antebrazos, quince minutos al día, durante tres días a la semana. Eso sí: hay que ser rigurosos al máximo con esta medida, y no excederse, pues la piel de un niño es muy delicada.