Mindfulness para niños con dificultad de concentración

Cómo mejorar la atención de los niños mediante ejercicios de Mindfulness

Patricia Díaz-CanejaPedagoga - Mindfulness

Parece que cada vez hay más niños a los que les cuesta prestar atención, que no se concentran, que se olvidan todo y que parece que no escuchan. La práctica del Mindfulness o la atención plena ayuda a estos niños a concentrarse, a darse cuenta de lo que se les pasa por la cabeza y a centrar su atención.

7 actividades de Mindfulness que mejoran la atención de los niños

Niño con dolor de cabeza

Numerosas investigaciones están poniendo de manifiesto que la práctica de Mindfulness activa zonas cerebrales que están implicadas en la planificación, en la memoria, en la concentración y en la ejecución de las tareas. Por el contrario, inhibe o relaja zonas que los niños con problemas de atención tienen sobre activadas, y por eso se distraen con cualquier cosa y saltan de una a otra actividad. Te explicamos cómo beneficia la actividad de Mindfulness a la concentración del niño:

1. Atención auditiva: en las sesiones de Mindfulness, cada vez que suena la campana o cuento tibetano, los niños saben que han de dejar cualquier cosa que estén haciendo, han de cerrar sus ojos, escuchar muy atentamente el sonido y permanecer en silencio hasta que dejen de oír ese sonido.  Esto puede durar hasta 20 segundos.

2. Atención visual: permanecer durante 12 minutos mirando a los ojos a un compañero, en silencio; mirar a una vela durante 5 minutos; o mirar un conjunto de objetos y luego recordarlos son algunos ejemplos. 

3. Atención táctil: los masajes en pareja se hacen para prestar atención a las sensaciones que se están recibiendo, tanto cuando se hace como cuando se recibe. Por ejemplo, en el masaje 'pizza', cada niño va 'poniendo' en la espalda de su pareja diferentes ingredientes, que implican diferentes tipos de masaje. Al final, también se escriben palabras bonitas, como paz, amor… o virtudes que tenga el otro, porque estas forman parte también de esa pizza.

4. Atención al entorno: pasarse unos a otros un vaso de agua puede parecer fácil, pero si esto se hace con los ojos cerrados la cosa se complica. Para que el vaso no se caiga, es necesario que los niños estén en silencio, muy concentrados, dándose cuenta de todos los sonidos que hay alrededor, que les dan pistas de cuándo llega el vaso a ellos. 

5. Paseo consciente: dar un paseo con el único propósito de pasear, mirando, oliendo, escuchando, en silencio, prestando atención al paso del otro para no despistarse. Si además cada cierto tiempo suena un gong, esto hace uno se pare, y que se de cuenta de si en ese momento sus pensamientos estaban en el paseo o en otro lugar.

6. Respiración consciente sentado: permanecer quietos, sentados, rectos, centrados en la respiración, sin hacer nada, hace que poco a poco la atención se vaya desarrollando. Colocar las manos en la tripa ayuda además a tomar conciencia de cómo la tripa se va hinchando con cada inspiración, y deshinchando con cada espiración. El tiempo de cada niño es muy personal. Hay niños de 8 años que desde el primer día pueden respirar 5 minutos sin problema, y niños a los que les cuesta estar quietos durante 30 segundos. Del mismo modo, algunos niños pueden estar con los ojos cerrados, y otros no. Es importante respetar el ritmo de cada niño. 

7. Respiración consciente caminando: una variación del anterior, para niños que no pueden estarse quietos. Se trata de caminar despacio, despacio, despacio. Para ello, se colocan piedrecitas en los pies para que haya que prestar atención a que no se caigan, o un plato sobre la cabeza.

Como siempre ocurre, la implicación de los padres es fundamental. Estas actividades no son especiales. Adquieren ese carácter especial que proporciona el Mindfulness cuando quien las imparte lo hace desde su práctica. Por eso, para practicarlas en familia, los padres han de saber el sentido de las mismas y sobre todo estar muy presentes, con su atención focalizada en lo que se hace, sin forzar y con ánimo de disfrutar.