Niños muy delgados, ¿qué hacer?

Cuando el niño está muy por debajo de su peso

Alba CaraballoEditora de GuiaInfantil.com

Ser un niño delgado no necesariamente tiene que esta relacionado con ser un niño enfermo o con carencia alimenticia. Cada niño tiene una genética diferente, y mientras hay personas con tendencia a engordar, también hay otras con un índice de masa corporal bajo y, sin embargo está bien alimentado y sanos.

Si el niño come bien y variado, no es necesario darle más vueltas ni preocuparse en exceso, incluso aunque se adivinen sus costillas, sin embargo, el problema radica en niños que se niegan a comer.

¿Qué hacer si mi hijo está demasiado delgado?

Niños que están delgados

Es raro ver a bebés muy delgados. Hasta los 2 años, su cuerpo suele ser más redondo y poco definido, sin embargo, al comenzar la fase de gateo y primeros pasos, los cuerpos se estilizan y se van definiendo más sus formas.

Algunos padres muestran gran preocupación en estas etapas cuando sus hijos se ven demasiado delgados, ya que incluso en ocasiones parece sólo haber piel y huesos. Para saber si tu hijo está sano, aunque esté delgado conviene analizar:

- ¿Toma una alimentación sana y variada, siguiendo los principios de la pirámide nutricional?

- ¿Se muestra activo, juega, corre y salta como los demás niños?

- ¿Se le ve feliz y contento?

Si la respuesta a estas preguntas es 'SI', no hay mayor problema, simplemente, tu hijo es delgado, pero está sano. Sin embargo, si se niega a comer, se muestra cansado, apático y triste, es conveniente que consultes al pediatra.

En el caso de los niños delgados pueden ocurrir dos cosas relacionadas con su forma de comer: 

- El niño come de forma abundante pero no engorda: no hay problema ninguno.

- El niño come poca cantidad: en este caso, antes de llevarnos las manos a la cabeza o enfadarnos con él, es importante aceptar que quizás las raciones que necesita son menores a las de otros niños. De nuevo saber si está comiendo lo suficiente aunque sea poco, nos lleva a responder las preguntas anteriormente mencionadas.

En resumen: si el niño está feliz, activo y su alimentación es variada, no debemos preocuparnos por lo que diga la báscula. En ocasiones al obligarle a que coma más, hacerle dietas especiales o incidir demasiado en el asunto de la comida, sólo conseguiremos generar un problema donde no lo hay y que acabe siendo algo desagradable para el niño.