Qué es la fiebrefobia y cómo afecta a los padres

Por qué los padres tienen tanto miedo a que su hijo tenga fiebre

Roi Piñeiro PérezPediatra

En 1980, un pediatra estadounidense llamado Barton D. Schmitt, escribió por primera vez sobre la fiebre-fobia. Introdujo un término nuevo para referirse al miedo injustificado que algunos padres presentaba ante la fiebre y sus posibles complicaciones, como por ejemplo daño cerebral, convulsiones, ceguera, coma y/o muerte, todas ellas infundadas. Ya entonces se alertó sobre la necesidad de una adecuada educación sanitaria para evitar la propagación de un temor injustificado.

Sin embargo, más de 35 años después, la situación no ha mejorado en absoluto. El miedo se ha transmitido de generación a generación como la peor de las enfermedades infecciosas, y no solo se transmite de padres a hijos, sino también dentro de los hospitales y centros de salud, con sanitarios que transmiten sus temores a sus propios pacientes.

5 errores inducen a los padres a tener fiebrefobia

La fiebrefobia

Solo existe una manera de erradicar la fiebre-fobia, y es continuar con la transmisión de una buena información por parte de los profesionales, que además debemos ser los primeros en creer nuestras propias recomendaciones. Y es que es fundamental conocer que:

1. El tratamiento precoz de la fiebre NO evita la aparición de las temidas convulsiones febriles, a pesar de que más del 80% de la población sigue opinando que esto es así. Además, este tipo de convulsiones suelen tener un carácter benigno, no dan lugar a epilepsia y desaparecen con el tiempo. Lo que se deben evitar son los cambios bruscos de la temperatura corporal.

2. Si el niño se encuentra bien, NO es necesario tratar la fiebre con antitérmicos. Tres de cada cuatro padres confirman haber escuchado en su casa la siguiente frase una o varias veces: 'este niño está ardiendo, dale algo…'. Es fundamental transmitir que la fiebre es un mecanismo de defensa frente a las infecciones, que limita el crecimiento bacteriano y la replicación viral y, en definitiva, colabora en la resolución de los procesos infecciosos. Hay que tratar solo cuando los niños se encuentren mal, con escalofríos, para quitar los síntomas molestos asociados a la fiebre, pero nuestro objetivo no es que desaparezca la fiebre. Debemos tratar a nuestros niños, no al termómetro.

3. NO es conveniente alternar varios medicamentos para que el efecto antitérmico sea más potente. No interesa que el efecto antitérmico sea potente, lo que interesa es que desaparezcan los síntomas desagradables asociados a la fiebre, no que el niño quede afebril. Además, la alternancia de antitérmicos favorece la aparición de efectos secundarios y errores de dosificación, ambos potencialmente graves. La mayoría de las sociedades científicas pediátricas desaconseja esta práctica en la actualidad.

4. NO se deben aplicar medidas físicas, tales como paños húmedos fríos o baños en agua tibia para tratar la fiebre. El decálogo de la fiebre de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), desaconseja claramente el uso de medidas físicas. No mejoran los síntomas de la fiebre y pueden dar lugar a cambios bruscos de temperatura que no son deseables.

5. En cualquier niño con fiebre y buen estado general, NO es necesario consultar de forma precoz al pediatra. 'Padres, ¿cuándo empezó con la fiebre el niño?' 'Pues, acabamos de salir de la piscina ahora mismo, y mientras el niño se tomaba un helado, le hemos tocado la frente y le hemos notado caliente. Venimos porque se echa encima el fin de semana y tenemos miedo de que sea algo grave'.

Acudir inmediatamente a un centro de urgencias en los primeros minutos de la fiebre, si el niño tiene buen estado general, sólo consigue aumentar la inquietud de los padres, pues la exploración física será normal con casi toda seguridad, y no tendrán valor las pruebas complementarias. Espera un tiempo razonable de 24-48 horas para ver cómo evoluciona la enfermedad, y entonces consulte a su pediatra. Solo hay dos excepciones: menores de 3 meses y alteración del estado general, es decir, cuando el niño no tiene fuerzas ni para llorar. 

Pero ojo, si tienes dudas, consulta. No tengas miedos injustificados. No pongas tu granito de arena a la persistencia de la fiebre-fobia. Y si es un sanitario el que está asustado, tranquilízale, pues estarás ayudando no solo a una persona, sino a un transmisor de información a otros pacientes y estarás evitando la persistencia de un propagador viral de la fiebre-fobia.