Técnica casera de meditación para niños

Enseñar a los niños técnicas de mindfulness

Patricia Díaz-CanejaCoach de Mindfulness

La imagen idílica en la que toda una familia está en casa meditando es, a veces, tan difícil de vivir como la de la mamá y el bebé dormidos plácidamente sobre una hamaca. Meditar en familia es una de las cosas más bonitas y profundas que existen, pero a veces puede ser también estresante. 

En Guiainfantil.com te ofrecemos algunas pistas para que todo sea un poco más fácil, agradable, y sobre todo, fluido.

Cómo hacer meditación en familia de forma fácil

Meditación en familia

- Empezar por uno mismo. Si el adulto no medita, es mejor que no trate de inculcárselo a su hijo. En ese caso, es preferible que sea el adulto quien se inicie antes en la meditación, con un curso de iniciación por ejemplo.

- Lo mejor, como siempre, el ejemplo. Se enseña más con hechos que con palabras. El mejor “anzuelo” para enganchar a los niños en la meditación es practicarlo con el propio ejemplo. 

- Aceptar lo que ocurra. Meditar ayuda a vivir el presente y aceptarlo. Aceptar todo lo que ocurra. Su cuando el adulto está meditando se acerca el niño y le acompaña, perfecto. Si al cabo de unos minutos o segundos se va, perfecto también.

- Soltar las expectativas. Aunque uno desee que su hijo se siente con uno mismo a meditar, puede ser que ocurra o puede ser que no. Puede ser que sea un momento agradable o puede ser que no lo sea. Simplemente tomémoslo como un “a ver qué pasa hoy”.

¿Qué edades son las más recomendables para comenzar a meditar en casa?

En una casa donde los padres meditan, los niños pueden empezar a hacerlo desde pequeños. Cuando son pequeños, menores de 3 años incluso, puede ser que nos vean y se acerquen. En ese caso, simplemente podemos tomarlos en brazos y continuar meditando con el niño en nuestro regazo, en silencio, hasta que se canse.

Cuando son niños mayores de 3 años, se puede comenzar a proponer la meditación en familia como una actividad opcional, y buscando actividades que mediante el juego lleven a la meditación. Existen cuentos, audios, libros que inician a los padres en este tipo de recursos: meditar con ayuda de piedrecitas, con canciones, con el sonido del cuenco...

A partir de los 8 o 9 años, los niños ya pueden comprender mejor algunas actitudes de la meditación, y se puede proponer la práctica ya en silencio, o con algún audio de meditación guiado.

Y cuando ya son preadolescentes o adolescentes... es algo más complejo. Si estos adolescentes ya lo han visto practicar en su casa desde pequeños, no hay problema. Meditarán o no según deseen. Pero si se da el caso de padres que comienzan a meditar cuando sus hijos tienen estas edades, es muy difícil que los chicos compartan esta actividad. El adolescente se opone a lo que hacen sus padres... y así ha de ser. Es posible incluso que medite en su colegio o en otro lugar, pero no es tan probable que lo practique con sus padres. Así que en estos casos, mucha paciencia.

Consejos para meditar en casa con los niños 

- No obligar. La meditación no puede ser una obligación. Ha de ser una propuesta. Y si el padre o la madre la propone y el niño o la niña no quieren, se ha de respetar esta decisión. No obstante, no por ello el adulto ha de dejar de hacerlo. A menudo los chicos rechazan la propuesta, y cuando observan a su padre o a su madre, se unen a ellos “a su manera”.

- No vigilar. Cuando se comparte la práctica de la meditación, el adulto ha de practicarla. No es un vigilante. No consiste en ver si el niño tiene o no los ojos cerrados, si se está moviendo o en decirle que se calle. Meditar es observar y aceptar lo que ocurre. Dentro y fuera de uno mismo. Sea lo que sea. Al meditar en familia todos están al mismo nivel, y cada uno lo practica a su modo. Después de la práctica, se puede tranquilamente comentar lo que ha pasado.

- No interpretar ni juzgar. La práctica de la meditación no implica terapia, y menos si es en familia y sin un profesional. Cualquier comentario, cualquier conducta, la observamos y la acogemos. Es el presente, tal cual. Ni más, ni menos.

- Objetivos: divertirse. Al final, cuando una familia decide meditar en familia, es para divertirse. La meditación puede ser divertida y agradable. No algo incómoda. Y se puede combinar con muchas actividades que tienen en su base la meditación, más allá de la meditación sentada o formal.

- Organizar algún tipo de ritual. Tener el rincón de la meditación, encender una vela, incienso... Algún ritual que nos muestre el inicio y el fin del ratito de la meditación. 

Y por supuesto, siempre es muy recomendable iniciarse de la mano de un profesional que guíe y acompañe en las primeras sesiones.