Los errores más comunes de las madres primerizas

Volver a casa con mi bebé en brazos fue una experiencia maravillosa, pero también dura y difícil, sobre todo, durante la primera semana.Acababa de afrontar el parto e inmediatamente después tenía que estar lista para cuidar de mi bebé. Todo no puede ser y es normal que aparezca el bajón cuando no puedes con todo.

Y es que cuidar de tu bebé, cuando acabas de dar a luz, supone un enorme esfuerzo físico, mental y emocional. La mayoría de nosotras tendemos a tirar para adelante por instinto, por miedo a que piensen que no somos buenas madres o por no ser menos que todas las demás, pero a la larga esto no es bueno. Admitir nuestras limitaciones, solicitar ayuda a los familiares o a los amigos, durante esas primeras semanas tras el alumbramiento, nos ayuda a superar la situación y no nos hace más débiles. Reconocer que estamos cansadas y que la inexperiencia hace que el cuidado del bebé nos agobie y nos angustie, demuestra que somos sensatas.

Madres primerizas: inexpertas, pero sensatas

Madre primeriza con su bebé

Por si fuera poco, fruto de nuestra inexperiencia, tendemos a obsesionarnos con la sobreprotección hacia nuestro bebé y cometemos errores que, no solo nos complican la vida, sino que además pueden poner en peligro la salud de nuestro hijo. Uno de ellos y, sobre todo, ahora con el frío que hace, es abrigarlo demasiado. Se ha comprobado que, envolver al bebé en ropa y mantas, aumenta el riesgo de muerte súbita y de asfixia. Si estás casa con la calefacción y la temperatura ronda los 22 grados, con un body de algodón y un pelele que le cubra los pies, estará calentito y no se enfriará.

Otro error es empeñarse en esterilizar todo hasta el que bebé cumple un año. La higiene es fundamental, pero no hay que obsesionarse, porque la ausencia total de bacterias le impide desarrollar sus propias defensas. En esta línea nos movemos también cuando preferimos que nadie lo toque, para prevenir que le puedan contagiar algo y se ponga enfermo. Conviene actuar con sentido común y evitar que una persona enferma coja al bebé, pero sin aplicar esta regla también a los sanos.

Bañarle todos los días, durante las primeras semanas de vida, tampoco es necesario porque el manto graso de la piel se altera con el baño. Hacerlo dos o tres veces en semana es suficiente. Y si te preocupan las características del pelo de tu bebé, evita raparle el cabello. Los dermatólogos aseguran que no es cierto que crezca más fuerte y, en cambio, el rapado produce una pérdida de calor por la cabeza.

La rutina que mantengas con tu bebé, desde el principio, también va a marcar tu relación con él en el futuro. Así, por ejemplo, si te empeñas en que toda la casa esté en silencio cuando duerma, cualquier ruido le sobresaltará y, en adelante, te será cada vez más difícil interrumpir la actividad de la casa cuando él duerma. Tampoco es recomendable meterlo en la cama, si no eres partidaria del colecho, cuando no quiere dormir en la cuna.

Y, por último, cambiarle de pecho antes de que vacíe el primero va en contra de las leyes naturales de la lactancia materna, ya que la leche final es la que más alimenta y sacia porque tiene más grasa que la del principio. Para establecer una lactancia adecuada debe mamar y vaciar ambos pechos.

Estos son sólo algunos de los errores más comunes que cometemos como madres recién estrenadas, pero seguro que hay muchos más. 

Marisol Nuevo.