¿Puede una mujer embarazada convivir con un gato?

¿Has ido alguna vez a la maternidad a ver a un recién nacido con un regalo para el bebé y un paquete de jamón ibérico para la mamá? Mis amigos y yo ya lo hemos hecho varias veces y hemos disfrutado como niños viendo como la nueva mamá se reponía del trabajo de parto, relamiéndose con el bocado más deseado durante el embarazo: el jamón.

Aunque los bombones no han perdido protagonismo como regalo en las visitas a la maternidad, la matrona de mi amiga nos decía que, lo que sin duda está cada vez más de moda, es regalar raciones de jamón ibérico, ya que gracias a los controles de calidad, cada vez hay menos mujeres que hayan pasado la toxoplasmosis antes de quedarse embarazadas por ingerir embutidos o carne poco hecha. 

La toxoplasmosis en el embarazo

Embarazada con gato

La convivencia con animales, especialmente con gatos, es otro factor de riesgo a la hora de contraer la enfermedad durante el embarazo. Los gatos son los principales transmisores de la toxoplasmosis y la contraen cuando comen carne infectada. Por este motivo, si estás embarazada y tienes un gato debes evitar la limpieza de las cajas donde tu gato deposita las heces y realizar trabajos de jardinería sin guantes, ya que los parásitos de sus heces pueden desplazarse con el viento y depositarse en otros lugares cercanos.

Con las medidas higiénicas adecuadas es difícil contagiarse, pero muchas futuras mamás tienen tanto miedo por la salud de su futuro bebé en camino, que optan por deshacerse de su gatito. No obstante, antes de pensar en renunciar al gato, comprueba con los resultados de tus análisis, que realmente no has pasado la toxoplasmosis. Y si es así, piensa en tu gato y también en todas las medidas que debes adoptar para no contraer la enfermedad.

Y es que la toxoplasmosis no sólo la transmiten los gatos, el Toxoplasma gondii también puede estar en verduras, frutas, legumbres, embutidos y carne poco hecha. Así que, ¡atención a tus ensaladas! Antes de comer un refrescante plato de lechuga y tomate, asegúrate de lavar cuidadosamente con una sola gota de lejía, todas las hojas y el tomate entero, la fruta debes consumirla siempre pelada y los embutidos aparcarlos hasta después del parto.

Así que no me extraña que después de ocho meses sin probar una lonchita de chorizo, ni una pizca de lomo, ni una tapita de jamón serrano, mi amiga y recién estrenada mamá nos diera las gracias mil veces por aquella ración de jamón, que le supo a gloria bendita. 'Mmmm, ¡qué rico!', decía.

Marisol Nuevo. Redactora de Guiainfantil.com