Dos niños de dos mundos distintos

En las ultimas vacaciones, todos en casa, hemos leído El niño con el pijama de rayas, el libro de John Boyne, que trata la historia de un niño de nueve años que intenta entender y descubrir qué ocurre con otro niño, de su misma edad, que vive al otro lado de una valla, y que siempre viste un pijama de rayas. Dos niños de dos mundos distintos.

Bajo mi punto de vista, el libro muestra claramente las distintas realidades infantiles. De un lado, se encuentra un niño que se queja y se aburre; del otro se sitúa un niño que apenas desea sobrevivir. De un lado, un niño educado, de posesión, y con un padre militar. Del otro un niño cuya infancia se ve truncada simplemente por ser judío. Entre los dos hay una valla, una separación clara, y distintas historias. Un niño a cada lado. De un lado se puede jugar, pero no hay niños. Del otro, hay niños pero no se puede jugar. De un lado hay desayunos, meriendas, y una comida para cada momento y no siempre se quiere comer; y del otro no hay nada para comer y se come cuando y lo que se puede. De un lado, ropas cómodas y elegante; del otro, un simple pijama, día tras día. ¿Os suena de algo? Pues así es la realidad infantil de nuestro mundo. Los niños de las distintas realidades son como las rayas de un pijama, no se cruzan ni se mezclan. Son de colores y de tonos distintos.

El niño con el pijama de rayas

El libro no tiene nada de épico. Creo que es un buen libro, con un lenguaje muy sencillo, y que puede enseñar a los niños de un lado que siempre existieron los niños del otro lado que viven otras realidades, más difíciles y más limitadas. Al terminar de leer el libro, mi hija se mostró interesada por Auschwitz, el campo de concentración de la segunda guerra mundial. Sin ser consciente de que hay mucho más detrás de esta historia, ella se preguntaba por qué existen diferencias tan tremendas entre la vida de los dos niños. El por qué de la valla. Y claro, yo no he perdido la oportunidad de charlar con sobre la necesidad y el compromiso que debemos tener para que estos muros no existan jamás. La historia enseña y es una buena vía para formar a los niños. La educación, pienso yo, reside también en las oportunidades que aparecen en la inquietud de los niños sobre algún tema. Es como cuando el niño empieza a hacer preguntas sobre a sexualidad, o sobre el color de la piel, sobre los diferentes idiomas, países, etc. Como padres, creo que también debemos despertar mentalidades en nuestros hijos, abrirles los ojos, crear consciencias, y animarles a vivir y a respetar a los demás, independientemente de las diferencias que puedan existir. Una alambrada puede separarnos, pero el respeto y en este caso, la amistad, no. Vilma Medina. Editora de GuiaInfantil.com