Los niños siempre dicen la verdad

¿Te has visto alguna vez en un apuro debido a que tus hijos han dicho, de repente, lo que no debían? La espontaneidad, también en el lenguaje de los niños siempre nos hace gracia, pero alguna vez nos ha puesto en un aprieto. Y es que su inocencia e ingenuidad, y su capacidad para sintetizar bajo su prisma diversas realidades del mundo, no tienen precio.

Naturalidad y espontaneidad, características de los niños

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Por poner un ejemplo, una de las situaciones más vergonzosas en la que me he visto involucrada fue cuando me acerqué para dar la enhorabuena por su embarazo a una vecina que hacía meses que no veía. Mientras ella me ponía cara de interrogante, su hija pequeña que estaba a su lado, me dijo: ¡nooo, es que está gorda! En aquel momento, reconozco que no sabía donde meterme y sólo me decía a mi misma: ¡tierra, trágame!

Otra anécdota que recuerdo, sucedió hace un par de meses cuando me llaman del colegio para decirme que mi hijo se ha caído y se ha hecho una herida en la rodilla. Mientras la profesora, trataba de tranquilizarme diciendo que estaba todo controlado, pero que seguramente había que llevarle al hospital para dar puntos de sutura, escuché de fondo a un niño que decía que se le veía el hueso. Y efectivamente, así era. El corte de la herida era tan profundo que cuando le quitaron el vendaje en Urgencias, yo también pude ver el hueso de la rodilla de mi hijo.

A medida que vamos cumpliendo años, vamos perdiendo esa espontaneidad y esa ingenuidad propia de la infancia para convertirnos en adultos políticamente correctos. Ganamos en educación y perdemos en frescura cuando aprendemos a mantener el tipo ante situaciones embarazosas, pero sobre todo ganamos en empatía y en artes diplomáticas. Enseñamos a nuestros hijos a pensar antes de hablar para no decir lo primero que nos viene a la mente.

La verdad que cae como un jarrón de agua fría, sin edulcorantes ni conservantes, puede herir la sensibilidad de la persona que escucha y cuando nos hacemos adultos nos conviene echar mano de las reglas de la diplomacia para que no nos llamen descarados. Y es que mientras ese descaro hace gracia cuando viene de un niño, puede incluso considerarse ofensivo cuando viene de un adulto. ¿Crees que la naturalidad y la espontaneidad son valores en vías de extinción? Pásate por Facebook y déjanos tu comentario en la página oficial de

Marisol Nuevo. Guiainfantil.com