Lo que debes saber sobre el síndrome del bebé sacudido

Contrario a lo que comúnmente se piensa, no todos los adultos tratan a los bebés con la delicadeza que merecen. Son muchos los casos de bebés que llegan a urgencias padeciendo el llamado síndrome del bebé sacudido o con síntomas de haber sufrido otro tipo de maltratos aunque no siempre intencionales. Esas conductas violentas, aunque no siempre intencionales, ocurren muchas veces inconscientemente del alcance del daño que pueden infligir.

Qué es el síndrome del bebé sacudido

Síndrome del bebé sacudido

En el caso específico del síndrome del bebé sacudido se señalan como elementos predisponentes la desproporción existente entre la cabeza y el cuerpo en la etapa primera de la infancia - primeros tres años de vida -, así como la debilidad de los músculos del cuello que lo hacen susceptibles de daños, muchas veces irreversibles, al ser sacudidos o lanzados por adultos que en la mayoría de los casos solo tienen la intención de agradar o entretener a un bebé que llora insistentemente.

Esta acción, que por lo general suele durar algunos segundos, puede producir daños severos en casi todo el organismo del bebé aunque los más frecuentes y graves son las lesiones neurológicas, oftalmológicas, del sistema óseo, muscular y en los oídos. Los primeros síntomas suelen ser el llanto inmediato seguido por un cambio de comportamiento, irritabilidad, letargo o adormecimiento, pérdida del conocimiento, disminución del estado de alerta, cianosis (coloración azul y a veces negruzca de la piel), vómitos, convulsiones y desde el punto de vista oftalmológico, hemorragias en la retina sin que exista para ello una explicación aparente.

En cuanto a los trastornos óseos, lo más común son las fracturas de costillas o de huesos largos, y también pueden aparecer hematomas y lesiones de la piel. Lo importante es prevenir la lesión y para ello cada adulto debe estar consciente del peligro potencial que representa su fuerza sobre los cuerpos de los bebés.

Así que ya lo sabe, no sacuda a tu niño, ni lo lances hacia arriba, y tampoco permita que nadie lo haga. Es preferible dejarlo llorar unos instantes que llorar nosotros por toda la vida.

Rosa Mañas. Redactora