Existe la creencia de que la apariencia del ombligo, ese puntito que nos distingue a los mamíferos y que se ha puesto de moda exhibir, está determinada por la forma en que los médicos o comadronas nos pinzan y cortan el cordón umbilical o "tripa" que nos une a nuestras madres hasta el momento del nacimiento. Pero no es así.
En un determinado momento, seguro que a los niños les entrarán la curiosidad de saber por qué su ombligo es diferente al de su amiguito. Pues en realidad la forma de este hoyito, venerado en algunas culturas y centro de atracción en otra, se explica por el lugar que el ombligo ocupa en el abdomen y por la configuración de la musculatura abdominal que varía sensiblemente de una persona a otra.
No hay que olvidar que el ombligo es el resultado de la cicatriz que deja el cordón umbilical al perforar un conjunto de músculos llamado línea blanca y que se extiende del esternón hasta el pubis. Estos son los que cuando están bien entrenados forman los atractivos "lavaderos", conjunto de músculos horizontales y equidistantes que se ubican a lo largo del abdomen y que son fáciles de reconocer y admirar, sobre todo en los hombres gimnastas, fisiculturistas y practicantes de otros deportes de alto rendimiento.
Y, ¿Para qué sirve el ombligo? Una vez que hemos nacido y el ombligo ha cicatrizado éste no sirve para nada, así de sencillo, aunque muchos se esfuercen en darle utilidad.