Cómo llegar al corazón de los hijos

Algunas de estas calurosas noches de verano, en que los niños se van a la cama más tarde como privilegio de las vacaciones, mi marido se sienta con ellos en las escaleras de la entrada de casa y, a la luz de las estrellas, les cuenta historias de todo tipo.

A veces son cuentos, a veces argumentos de libros clásicos, a veces son, incluso, lecciones sencillas de naturaleza. Pero mis hijos escuchan siempre embelesados ¡tanto como cuando les pongo ante la televisión a ver su película preferida!

Cómo transmitir amor a los hijos

Hija besa a padre

Aparte de que, lógicamente, a mis hijos les encanta estar con su padre, creo que hay un componente esencial en estos momentos tan especiales: el escenario. Me explicaré: durante el curso, nunca se acuestan tarde ni salen al exterior de la casa por la noche (salvo ocasiones excepcionales), así que estar un rato afuera en el silencio de la noche veraniega es como estar en un anfiteatro romano, disfrutando del espectáculo más especial.

Cuento esto porque creo que, aunque es verdad que 'a quien algo quiere, algo le cuesta' a veces renunciamos al sentido común y aceptamos de forma facilona que el coste de lo que queremos es siempre dinero. Y si es verdad que el dinero no compra la felicidad, en el caso de los niños estoy convencida de que no compra casi nada; porque ellos no son conscientes de su valor (hablo de los peques menores de 8 años). Por eso, aunque nos empeñemos en que tengan la mejor formación llevándolos a escuelas especializadas, o a actividades extraescolares, o contratemos a profesores particulares, no siempre conseguimos de ellos el interés que requiere de su parte para aprovechar lo que les ofrecemos.

Sin embargo una ocasión especial, como ponerles detrás del teatro de títeres en vez de delante y sean ellos los que creen la historia, o darles los utensilios de limpieza o de jardín para que nos ayuden, o darles unas monedas para que sean ellos los que compren el pan, o dedicarles unos minutos por la noche en las escaleras, consigue abrir sus ojos, su corazón y su mente de forma que aprenden sin esfuerzo cosas que ni el especialista mejor pagado puede transmitirles. Sin duda alguna, el sentido común, la improvisación, la dedicación y, por supuesto, el amor que les ofrecemos, son herramientas imprescindibles en la formación de nuestros hijos; y no se pueden comprar ni con todo el oro del mundo...

Patro Gabaldón. Redactora de Guiainfantil.com