Viajar con niños. Turismo en familia

Viajar es siempre una experiencia excitante en cualquier etapa de la vida, pero si lo hacemos con niños puede convertirse en una aventura impredecible. Todo depende la edad del pequeño y de su propia naturaleza, de si es tranquilo, reflexivo, comilón, hiperactivo, llorón...

Claro está, que mucho del tiempo de nuestras vidas lo pasamos en camino a algún lado -la vida misma es un tránsito- y conozco a varias madres que ya no incluyen el cochecito del bebé en sus compras previas al nacimiento y sí la cestita para viajar seguros en el coche

Cómo entretener a los niños en los viajes

familia en el coche

Desde luego el avión es el medio de transporte más recomendado por su seguridad y rapidez pero, dependiendo del destino, la experiencia puede ser igualmente difícil pues exigirá que el niño permanezca varias horas sentado en el mismo lugar o en un espacio muy limitado.

Muchas aerolíneas y compaías de trenes, conocedoras de lo peligroso que puede ser tener un niño a bordo, han incorporado programas para mantenerlos ocupados: cuadernos y lápices para colorear e incluso 'paseos' didácticos por el avión con las azafatas. Cuando reserves el billete no te olvides de informarles que viajarás con un niño. La aerolínea podrá tenerlo en cuenta en su planificación, y auxiliarlo en algunos detalles, por ejemplo qué lugar resulta más cómodo para la edad de tu pequeño, y qué alimentos deben incluir en el servicio a bordo.

Muchos pasajeros pasan el tiempo del viaje mirando las películas que transmiten en el circuito cerrado del avión, pero casi nunca éstas son aptas para niños, por lo que si dispones de un equipo de DVD portátil sería una buena idea llevarlo junto a los videos preferidos de tu hijo. También puedes llevar juguetes que no sobrecarguen el equipaje de mano ni molesten al resto de los pasajeros, o libros infantiles para compartir durante el vuelo.

Otro consejo es que aproveches la facilidad que brindan casi todas las aerolíneas de permitir que los pasajeros con niños monten primero, esto le permitirá buscar su lugar sin prisa y no correrá el riesgo de caminar por un estrecho pasillo lleno de adultos intentando acomodarse. No pretendas mantener al niño todo el tiempo sentado, conversa con él, juega, déjalo levantarse de vez en cuando, y permítele interactuar sin que hagan del avión o del tren un parque de diversiones.

No le obligues a comer, los alimentos que distribuyen en los aviones pueden no ser del agrado del pequeño, sólo debes estar pendiente de que tome agua, leche o zumos. Cuando el avión aterrice ya te ocuparás del resto. Los momentos del despegue y el aterrizaje suelen provocar molestias auditivas que seguramente hayas experimentado alguna vez y que en los niños pueden ser particularmente agudas.

En este caso, entretenle cantando o conversando y, sobre todo, conserva la calma durante esos minutos para no alarmar al pequeño. Un buen recurso es darle un chupete, permitirle acercarse a la ventanilla y dejarle que se sorprenda descubriendo el mundo desde arriba.

Esperanza Díaz. Redactora