Papá, mamá, ¿cómo se hacen los niños?

Cuál es nuestra reacción ante esta pregunta: ¿Nos atragantamos con lo que tengamos en la boca, nos ponemos colorados, nos echamos a reír, hacemos que nuestros hijos se sientan avergonzados o incapaces de entender la respuesta?

La sexualidad es una parte importante de nuestra naturaleza y de nuestra vida, y la educación de nuestros hijos debe incluir este aspecto de forma tan normal y cuidada como cualquier otro de importancia. Tenemos que estar preparados ante preguntas como ¿de dónde salen los niños? ¿qué es hacer el amor? u otras semejantes.

Cómo explicar el nacimiento a los niños

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Más tarde o más temprano todos los padres habremos de dar respuesta a cuestiones como éstas, y será mejor que seamos nosotros los que les demos las explicaciones oportunas, y no otros niños de su misma edad y situación, que puedan oscurecer más su entendimiento; o peor aún, niños mayores o adultos que pueden escandalizar a nuestros pequeños.

¿De dónde vienen los niños? Es una pregunta como cualquier otra y, aunque nos pille de sorpresa, ante ella no hay que extrañarse, ni ruborizarse, ni evadirla diciendo que es cosa de mayores y ya se la explicarás más adelante. Con la misma naturalidad que ellos preguntan, nosotros tenemos que satisfacer su curiosidad. Pensar en lo que vamos a decir, nos permitirá afrontar el momento con naturalidad. Tan importante como preservar su inocencia es no subestimar su capacidad de comprensión, por eso, adaptaremos nuestro discurso a la edad y al grado de madurez de muestro hijo o hija.

Este tipo de preguntas nos pueden resultar incómodas, bien porque pensamos que nuestros hijos no están preparados para entender las implicaciones del tema, o bien porque incluso nosotros mismos nos sentimos incómodos a la hora de hablar sobre genitales o relaciones sexuales, pero como decía San Agustín: "No debemos avergonzarnos de nombrar lo que Dios no se avergonzó en crear".  Asimismo, la pregunta debe tratarse con delicadeza; podemos decir las cosas con claridad, pero sin entrar en demasiados detalles, por ejemplo, decirle que una mujer y un hombre "están juntos" o "se complementan", pero sin explicarles paso por paso en lo que consiste un coito.

Si alguna vez nos resulta difícil encontrar las palabras adecuadas o contestar de una manera breve y sencilla, siempre podemos ayudarnos de algún libro con ilustraciones para niños: "una imagen vale más que mil palabras". En cualquier caso, no debemos renunciar a ser nosotros los que resolvamos las dudas sexuales de nuestro hijo o hija.

Patro Gabaldon