Ayer, durante la cena, mi hijo de
dos añitos se decidió a probar la
ensalada de lechuga y tomate, es verdad que no le ha causado gran entusiasmo, pero considero que ha sido un comienzo importante: ¡hasta ahora no habÃa querido ni verla! Este pequeño logro, me hace pensar sobre los grandes beneficios de comer en familia o en grupo, si se trata del comedor escolar.
Como sabemos, la imitación es la mejor herramienta de que disponemos los padres para persuadir eficazmente a nuestros pequeños, a ellos les encanta repetir los
comportamientos de las personas que forman parte de su entorno. Yo no puedo razonar con mi hijo sobre las virtudes de
comer frutas y verduras, si yo no las pruebo. A través de la imitación de conductas, nuestro hijo se apropiará de los
hábitos saludables de la familia o del colegio.
Pues bien, además de favorecer la
introducción de nuevos alimentos, se me ocurren otros muchos beneficios igualmente interesantes:
- La alimentación se desarrolla en el contexto y ambiente adecuados, sin improvisaciones, lugar en donde todos los miembros de la familia participan y disfrutan. El niño que come sólo en ocasiones se aburre y lo hace con desgana porque prefiere evadirse de la situación y del lugar. El niño debe entender que alimentarse consiste en disfrutar de una necesidad, no en una obligación o momento desagradable. El comedor o la cocina se convierten en el "aula de prácticas" idónea para el propósito.
- A partir del año, se favorece el interés por acceder a dietas no trituradas y a la masticación, asà como despertarles el deseo de comer solos y, en consecuencia, desarrollar la motricidad de las manos.
- Se les marca un ritmo a la hora de la comida: se les enseña a comer despacio y masticando bien, pero sin entretenerse o abandonar el plato a su suerte; como dice el dicho, "sin prisa, pero sin pausa".
- Se consigue abrir el apetito en los
niños a los que les cuesta comer ; al igual que cuando nosotros somos invitados a un banquete y llegamos a comer incluso más de lo que nos apetece por disfrutar del momento y de la compañÃa.
- Nos ayuda a detectar y prevenir posibles desórdenes en la alimentación:
anorexias,
sobrealimentación, fobias o
alergias, sean o no temporales.
- El momento de la comida nos sirve para enseñarles a tener pequeñas responsabilidades en el hogar como poner la mesa o recogerla, barrer las migas del suelo, etc.
- Se consigue alimentar, no sólo el cuerpo, sino también la
comunicación entre padres, hijos y hermanos. Es un excelente momento de encuentro familiar, de los que disponemos pocos a diario.
El aprendizaje de una conducta alimenticia correcta es muy relevante y es misión fundamental de los padres, asà que pienso que lo mejor es incorporar a nuestra mesa lo antes posible, a los miembros más pequeños de la familia, aunque haya que hacer hueco para su trona y ajustar los horarios a sus rutinas o necesidades.
Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com