Cómo evitar accidentes en casa

Accidentes

Todos hemos oído alguna vez sobre casos espeluznantes de accidentes domésticos; aunque quizá nunca nos haya tocado de cerca, son muchos y difíciles de controlar los riesgos para los niños en nuestra propia casa. Prudencia, sentido común y evitar las prisas son parte de una receta casera que nos ayudará a mantener seguros a nuestros niños.

Echando mano de mi memoria, y seguramente olvidándome de alguno, agruparía las fuentes de riesgo para nuestros hijos en: energía, productos químicos, objetos afilados o punzantes, alturas y objetos pequeños. Cualquier cosa que pueda entrar en estos grupos, es sin lugar a dudas un objeto o sitio peligroso.

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Todo lo que tiene energía es tan útil para nosotros como peligroso para nuestros hijos: la plancha, los fuegos o placas de la cocina, los mecheros o los enchufes son claros ejemplos. Los productos químicos son otra fuente de accidentes: medicamentos, productos de belleza, de limpieza o de bricolaje pueden causar envenenamientos, quemaduras o irritaciones. Los objetos afilados o punzantes les pueden resultar atrayentes juguetes, pero con consecuencias menos deseables. Las alturas (escaleras, sillas, estanterías, etc.) son tan atractivas como peligrosas; la adrenalina que generan y la visión que facilitan es el mejor reclamo para esta fuente de tan numerosos accidentes. Los objetos pequeños son tan numerosos como indeseables en las manitas de nuestros niños; un tornillo, una pieza de un juguete mal diseñado (o de los hermanos mayores) o un simple garbanzo pueden provocar ahogos o problemas en su aparato digestivo. A la hora de controlar el riesgo, hay que procurar seguir nuestro sentido común: evitar el acceso de los niños a todo objeto o lugar peligroso, vigilar la presencia de nuestros pequeños cuando utilizamos estos objetos en situaciones cotidianas, y nunca, nunca, nunca, actuar con prisas de forma que podemos dejar a su alcance algo que pueda causarles daño. Porque, casi irremediablemente, su innata curiosidad les llevará a acercarse y explorar sus nocivas posibilidades. Según la edad de los niños y su capacidad de comunicación, se podrá razonar con ellos para enseñarles lo que es peligroso y, en caso de accidente, conocer qué han hecho, con qué han jugado o dónde han estado para buscar qué les ha podido hacer daño y cómo debemos reaccionar. Y, si llega el momento, actuar con la cabeza fría (en la medida de lo posible) y contar con ayuda de los profesionales. Un primer auxilio mal hecho puede tener consecuencias irreversibles. No es que tengamos que tener pavor a que nuestros niños vivan en nuestras casas; simplemente debemos tener toda la precaución posible para crear un hogar seguro para todos. Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com
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