Infancia abandonada: ¿también edad de oro?

"La Edad de Oro", así bautizó José Martí, el genial pensador cubano del siglo XIX, a su revista para "niños y niñas". En su corta vida de cuatro ediciones, la revista dejó un legado de artículos, poemas, relatos y traducciones de cuentos infantiles que tienen en común el propósito de educar desde lo bello.

Y es que precisamente de fomentar esos rasgos de belleza naturales en la infancia, entendidos como virtudes, depende el futuro no solo de la familia, estado o nación, también del mundo que está por venir. La infancia es como un sumidero que todo lo absorbe en ese perpetuo proceso de aprendizaje que es la vida. De adultos, lo que una vez se aprendió, será volcado en forma de talento, habilidades, vocaciones,... De sus emociones, depende también lo asertivo con que se asuma el porvenir.

Niños abandonados

Es por todo esto que la niñez requiere un especial cuidado. Todos los sistemas educativos, sean familiares, sociales o institucionales, deberían reposar sobre el respeto y el cuidado de la infancia, más allá de las lógicas diferencias que marque la diversidad cultural. Pero no basta cuidar a los niños que tenemos en casa. El problema de la niñez abandonada que se extiende por el mundo, es la peor de las epidemias. Esa es la verdadera semilla de la inseguridad personal, del auge del delito, de la violencia... antípodas de la bondad, cualidad que podría distinguir a la especie, y que son consecuencia de una infancia que desconoció el amor y en cambio supo del desprecio a sus derechos, a su dignidad, y de agresividad para con él y, por extensión, con el medio ambiente. Esta reflexión podría parecer ajena a los lectores habituales de esta página pero no lo es. Ninguna persona es una isla, y aunque así lo intentara, los vasos comunicantes que interconectan a la sociedad le arruinarían el plan. La infancia es solo una y debería preservarse como una verdadera etapa dorada en el recuerdo de todos. Pongo el dedo en la llaga y quedo debiendo el remedio que seguramente demandaría reformular presupuestos, fundar escuelas, fomentar las artes y oficios,... esparcir amor, luchar por defender los derechos de los niños. Por lo pronto me contentaría si desde estas líneas consigo que esos hijos de la intemperie humana, "buscadores" de vida que habitan semáforos y basureros, despertaran mucho más que miedo, desidia o hastío. Rosa Mañas. Redactora.