En este
Día Mundial de la Lucha contra el Sida, nos gustaría celebrar el hallazgo de la
vacuna que evitase o que curase a los enfermos de sida. Nos gustaría, sobretodo, conmemorar la erradicación de esta
enfermedad. Sin embargo, aunque este día todavía no ha llegado, nos unimos a todos aquellos que luchan para evitar que miles de niños sigan sufriendo las consecuencias de las actitudes de los adultos.
Creo que todos los errores que cometemos son consecuencias de una precaria e insuficiente educación. El sida sigue castigando a millones de personas, adultos y niños, principalmente en los países en vías de desarrollo, donde para la mayoría no llegan formación ni los cuidados sanitarios necesarios. Combatir el sida es luchar contra una enfermedad, un virus que destruye progresivamente el sistema inmunológico de una persona, haciendo con que su organismo esté susceptible para contraer otras enfermedades e infecciones como la
meningitis y
neumonías, especialmente en el caso de los niños.
El sida mata si no se trata. Si se hace un diagnóstico temprano de la enfermedad y la trata, tanto un niño como un adulto pueden llevar una vida "normal". Pero, claro, todo eso depende de medicinas, de una terapia antiviral adecuada, y su precio todavía es muy alto. Muchos gobiernos la subvencionan haciendo con que muchos enfermos se beneficien con este tratamiento. Pero todavía en muchos países, el acceso a este tratamiento es aún un grave problema. Su precio es demasiado elevado para una población de baja renta. En cuanto a los niños, el tratamiento también es más problemático. No siempre se encuentran medicinas orientadas al uso pediátrico.
Mientras todo eso no encuentra un camino o una solución, sigue creciendo el número de casos de niños con sida, sigue habiendo muertes y más muertes. El sida en los niños es aún más complicada que en los adultos. El virus tiende a ser más agresivo, afectando rápidamente al sistema inmunológico y provocando la muerte en un corto periodo de tiempo. El bebé contrae el virus a través de su madre, durante el
parto y en la
lactancia. A diferencia de los adultos, los síntomas del sida suelen aparecer en el
primer año de vida del bebé, y un alto porcentaje fallece antes de cumplir los cuatro años, perdiendo definitivamente la simple circunstancia de estar vivo.
Vilma Medina. Editora de GuiaInfantil.com