No siempre nos resulta fácil hablar con nuestros hijos de
sentimientos, pero serÃa enormemente beneficioso para ellos disponer de la oportunidad y de las palabras necesarias para comunicarnos sus más Ãntimos pensamientos, sus sensaciones, sus disgustos, su arrepentimiento, su cariño,Â… en definitiva, abrirnos su interior.
La
comunicación entre padres e hijos es fundamental para que exista armonÃa en el hogar y se establezcan entre nosotros unos lazos afectivos perdurables.
Hablar con ellos sobre lo que han hecho, lo que han aprendido, o con quién han estado es una excelente manera de conocerlos..., pero un paso más es que nos cuenten cómo se han sentido, si han estado alegres,
tristes o enfadados..., para mà esto es el inicio de una confianza indestructible.
Los
lazos de unión son más poderosos cuanto mayor es la capacidad de hablar de aspectos Ãntimos e individuales. Mostrar nuestras debilidades, nuestros
temores o nuestra alegrÃa no nos hace vulnerables dentro de los vÃnculos familiares, si no que nos hacen más humanos y naturales.
Yo reconozco que, a veces, me cuesta hablar de cómo me siento, cuáles son mis sentimientos..., por ejemplo, en muchas ocasiones, miro a mis hijos y quiero besarles, quiero decirles que les quiero, pero no lo hago. Me callo y, sólo en excepcionales ocasiones, les estrujo y les dijo las palabras mágicas "te quiero". Unas veces por vergüenza y otras por
prisas, el caso es que pasamos por la vida haciéndonos los duros, soportando nuestras tensiones y evitando dar rienda suelta a nuestras emociones.
Lo mejor serÃa que nuestros hijos, cuando quieran reÃr rÃan, cuando quieran
llorar, lloren, cuando sientan una injusticia, pidan justicia, y cuando sientan arrepentimiento ante un error, pidan perdón. Para ello, nosotros volvemos a ser sus modelos, somos los más indicados para proporcionarles las herramientas necesarias.
Muchos padres y madres sufren mucho ante la falta de expresión amorosa y sincera de sus hijos a los que tanto han dado. Sus relaciones se convierten en una distante expresión cordial de
convivencia, faltas de emotividad y
gratitud. Lo mejor es empezar cuanto antes a expresar nuestros sentimientos, pero nunca es tarde para "mover pieza" y decirles a los hijos que les queremos (ellos seguramente lo saben, pero todos necesitamos escucharlo alguna vez). Hablar de nuestros sentimientos y enseñar a nuestros hijos hablar sobre ellos, sin duda, nos hará
vivir más felices. ¿Acaso no nos alegra el dÃa, un beso y un "te quiero" sincero de nuestro hijo?
Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com