Kung Fu Panda, un ejemplo de superación para los niños

Los osos siguen siendo la personificación de la ternura, de la torpeza, y de la dulzura. Los ositos acompañan y crecen con los niños. Invadieron los muñecos de peluches, juguetes, los dibujos animados, documentales, películas, y la literatura. Hay osos por todas partes. Las aventuras de Winnie Pooh, el Hermano Oso, Los tres ositos y ricitos de oro, el huérfano Youk en El oso, el cuento El oso golosón, el refugiado Oso Paddington, el más vital Balú de Mogli, son apenas algunos ejemplos de lo mucho que el arte y los niños quieren a estas grandes criaturas. Sin embargo, la figura del oso solitario que lucha por la sobrevivencia, del oso glotón que se lambucea con la miel, o del oso amigo, está siendo suplantada por la de un oso loco y sin límites. Me refiero a Po, el oso de Kung Fu Panda, el último estreno del cine infantil.
Por más que le gusten los tallarines, el oso Po no se encuentra a gusto y se aburre trabajando en el restaurante de la familia. Cuando el destino le invita a cumplir con una antigua profecía, Po no piensa dos veces y bucea en el mundo de las artes marciales para hacer realidad todos sus sueños. Para defender el Valle de la Paz de la terrible amenaza del vengativo leopardo de las nieves, Tai Lung, tendrá que aprender todas las reglas de ataque con cinco grandes maestros del kung-fu.















