Niños intrépidos: sin miedo al peligro

Hay niños a los que les encantan los retos. Parece que cuánto más difíciles son, mas interés despiertan en ellos. Cuando mi hermano mediano se ponía algo en la cabeza, no se dormía pensando en ello y no descansaba hasta que lo que conseguía concretizar. Por un lado creo que eso es bueno porque demuestra que el niño se propone a realizar sus deseos y metas. Por otro, puede representar algún que otro dolor de cabeza para el niño y a sus padres.
Uno de los recuerdos que siempre residen en nuestras reuniones familiares son las idas y venidas de mi hermano mediano. Pablo siempre ha sido el más intrépido de todos nosotros. Para él no había barreras, obstáculos ni peligros. Uno de sus desafíos más importantes a que se enfrentó fue cuando él ganó su primera bicicleta, por los 6 o 7 años de edad. Junto a sus amigos se propuso a bajar una calle muy acentuada cerca de nuestra casa, y a toda velocidad. Así lo hicieron. Algunos superaron el reto con un sobresaliente, pero otros como mi hermano, sufrieron caídas y golpes importantes. Mi hermano se rompió la nariz porque como había una curva al final de la bajada, su bicicleta nueva se quedó en el bordillo de la acera, y él voló por encima de ella y se dio de cara con el tronco de un árbol. Uff... pensé que a mi madre le daba algo cuando lo vio. Y a mí... ¡Qué mal trago!













