Cuando los niños están sobreprotegidos

Los padres actuales disfrutamos contando batallitas y "hazañas" que hacíamos junto con los hermanos, primos o amigos en las salidas al campo o durante las vacaciones, juegos al aire libre como subir a los árboles, bajar por los barrancos, cazar serpientes, atravesar precipicios..., innumerables correrías que a nuestros padres hubieran puesto los pelos de punta, pero de las que hemos sobrevivido y disfrutado. Uno de los instintos que se nos despierta con la paternidad es el instinto de protección hacia nuestra prole, algo absolutamente necesario y natural.

Niños sobreprotegidos por sus padres

Cuidado con la sobreprotección a los hijos

Todos sabemos que la niñez es una etapa de inmadurez y experimentación en la que los peligros se multiplican y los padres, por consiguiente, experimentamos una irremediable angustia ante la posibilidad de que nuestro hijo pueda sufrir un accidente o pueda dolerse anímicamente ante alguna frustración (algunos padres sufren, incluso, con que a sus hijos puedan regañarles o imponerle normas de comportamientoen el colegio, no vaya ser que su pequeño sufra), pero si no aprenden a aceptar ahora que son pequeños las frustraciones y los miedos, puede que arraiguen y perduren hasta la madurez.

La mayoría de los padres actuales tendemos a ser sobreprotectores con nuestros hijos, quizás debido a los noticiarios y a una mayor conciencia de que los peligros pueden ser innumerables. Mi cuñado que trabaja en urgencias infantiles es un absoluto histérico con sus hijos porque ve cosas escalofriantes en su trabajo (esto puede ser comprensible, pero no deseable). No se trata de ponernos una venda en los ojos para no ver los posibles riesgos que entrañan ciertos juegos o las ansias de experimentar y la curiosidad por lo que le rodea (sea o no peligroso). Pero tampoco es normal que los niños no puedan hacer absolutamente nada sin nuestra supervisión.

Los niños de ahora no pueden montar sin casco en la bici, no pueden salir al parque sin crema protectora, no pueden ir a comprar el pan sin compañía, etc. Los niños necesitan desafíos, necesitan aprender a controlar el mundo en el que viven, necesitan sentirse seguros y libres, por ello debemos proporcionarles confianza y no aprensión o temor. Enseñarles a ser prudentes, pero no miedosos o cobardes. Hay diferenciar entre temeridad y reto, para no cercenar sus ansias de aprender, de experimentar, de ser autónomos o de disfrutar y controlar el mundo que les rodea. Valoremos la justa medida de las cosas, cuando el riesgo es pequeño, debemos de confiar en las capacidades de nuestros hijos y no ponernos en el caso peor, dejémosles crecer y hacerse mayores, con nuestra supervisión, pero sin nuestros temores.

Patro Gabaldón