Cómo puedes comunicarte con tu bebé

La comunicación entre padres e hijos comienza con un simple abrazo, con una dulce palabra de la boca de la madre, o una mirada correspondida. En el último trimestre de embarazo el bebé ya es capaz de escuchar nuestra voz y responder con nerviosismo o tranquilidad ante estímulos externos: ruidos, música, voz, luminosidad o movimiento.

El lenguaje verbal es el último y más complejo de los logros comunicativos ¿cuántas veces, daríamos algo porque nuestro hijo pudiera decirnos la causa de su llanto?

El lenguaje afectivo entre madre e hijo

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Los primeros intentos de nuestro hijo por comunicarse son el llanto, el balbuceo y la sonrisa. La meta final a la que aspiramos es el lenguaje verbal, ya que con él comienza una fase importantísima en la adaptación social y aprendizaje de nuestro hijo. Por ello, los padres debemos ser los primeros en intentar estimular el lenguaje del bebé. Para facilitaros la tarea os proponemos algunas pautas extraídas de un artículo de Juana Lorente, logopeda:

- Potenciar la imitación: inicialmente los bebés imitan gestos, movimientos o sonidos de sus padres, así que debemos aprovechar esta inclinación natural incitando el movimiento de los órganos que intervienen en la fonación: labios, lengua, abertura oral, salida del aire. Se pueden emplear recursos como: hacer morritos, dar besos, soplar con pajitas o juguetes, jugar a hacer caras (risa, susto, llanto, sorpresa...)

- Dirigirse al niño utilizando palabras cortas (1 ó 2 sílabas) como: 'toma, dame, ven...', repetirlas de manera clara y exagerando la entonación. Ir aumentando el vocabulario, progresivamente

- Posteriormente, emplear frases cortas y sencillas, asociadas a acciones frecuentes: 'mamá baña a María', 'María bebe la leche'.

- Ya a partir de los dos años, los niños pueden ser estimulados a hablar mediante el aprendizaje y escucha frecuente de canciones, versos, cuentos, adivinanzas, etc. que potencien su lenguaje y su memoria.

- Estimular la expresión espontánea del lenguaje aprovechando cualquier circunstancia cotidiana: ir al parque, a casa de la abuela, a comprar, etc.; realizarle preguntas cerradas que queden contestadas mediante un sí o un no; darle la oportunidad de hablar, respetando su ritmo y premiando con elogios sus logros; animarle a pedir las cosas de manera verbal, no gestual.

- Por último, buscar el encuentro con otros niños y realizar actividades o deportes dirigidos a mejorar su psicomotricidad (orientación, equilibrio, precisión motora) como modelar plastilina, dibujar, jugar con la arena, etc.

Patro Gabaldón.