Hijos con problemas y padres casi perfectos

El pasado verano tuve la oportunidad de ver en la tele, aunque no entero, un programa sobre enfermedades raras de la infancia, en concreto sobre el enanismo primario. Me conmovió ver el arrojo con el que algunos padres afrontan situaciones tan difíciles para sus hijos, y sacan fuerza para luchar por ellos: por su salud y su integración, aún en medio de multitud de dificultades.

Cuando los hijos tienen alguna discapacidad

Madre con niño síndrome down

La paternidad se hace más perfecta, si cabe, en estas personas porque son capaces de sobrellevar el dolor y la preocupación por sus hijos, ayudándoles a desarrollarse y a ser felices en este mundo. Los que estamos ajenos a la problemática no siempre sabemos enfrentarnos a situaciones de frustración o de fracaso con nuestros hijos, o no sabemos cómo reaccionar ante estas situaciones. Tengo una amiga, cuya hija tiene síndrome de Down, que me contaba que cuando nació su niña, hubo mucha gente que no sabía si darle la enhorabuena o mostrarle su pesar por la situación que le tocaría vivir.

Todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos: inteligencia, belleza, estabilidad, autonomía, felicidad. Quiero pensar que traer una vida al mundo siempre es motivo de alegría, aunque en este mundo se demande tanto la perfección y el éxito para los hijos. El éxito de un padre está, sobre todo, en hacer feliz a su hijo. La sabiduría popular dice que el tiempo todo lo cura y es verdad. Mi amiga me decía que, al principio tenía sensación de fracaso constante, incluso, de culpabilidad ante la salud de su hija, se preguntaba constantemente por qué le había tenido que tocar a ella. Pero, con el paso de los años y el amor por su hija, le hicieron superar lo que parecían obstáculos insalvables.

Algo está claro y es que, aunque no todos los niños poseen un mismo patrón de evolución, todos evolucionan. El sentirnos o no contentos con sus avances depende de las expectativas que tengamos puestas en ellos. Ellos no dan ni mucho ni poco, lo dan todo cuando les hacemos sentirse únicos y amados. Las comparaciones, para unos padres que se enfrentan a un niño con alguna limitación física o mental, no tienen cabida; ellos aprenden, sin duda, a tratar a su hijo como un ser excepcional e importantísimo en sus vidas.

Patro Gabaldón. Redactora de Guiainfantil.com