¿Debemos trasmitir a los hijos nuestras creencias religiosas?

Cada día más padres deciden no influir a sus hijos iniciándoles en la enseñanza de una religión, arguyen que así sus hijos tendrán libertad de elección cuando sean mayores, pero los padres quieran o no, son las personas más influyentes para sus pequeños en todos los aspectos, porque tan significativo puede ser para un niño enseñarle una religión como no enseñársela.

Si nosotros tenemos fe y esperanza ¿es realmente bueno renunciar a ofrecer una educación religiosa a nuestro hijo, en pro de su libertad de elección?

Educación religiosa a los niños

La enseñanza de la religión a los niños

Evitar que nuestros hijos tengan una formación en creencias religiosas está muy bien visto hoy en día, parece responder a una forma independiente y crítica de pensar, pero nada más lejos de la realidad. Los valores religiosos nos ayudan a definir qué es bueno y cómo podemos ser felices. Negarlo a nuestros hijos es como negarles nuestra comida para que sean ellos decidan los alimentos o los sabores que han de probar cuando tengan posibilidad de elegir.

Si bien hay que respetar las propias decisiones de los hijos, cuando estos son lo suficientemente mayores para discernir, la influencia de los padres es importantísima a la hora de poner las bases y moldear la personalidad de los niños. Los valores humanos, el derecho natural y el buen comportamiento que trasmiten la mayoría de creencias religiosas, son altamente educativos. El otro día leía en un periódico de tirada nacional que diversos estudios sociológicos y antropológicos demuestran que las personas religiosas son más felices, más estables y mejor integradas en sociedad.

Según el artículo (poco condescendiente con la religión, por cierto), es como si el cerebro humano hubiera evolucionado naturalmente para que seamos religiosos. Así que por qué negar a nuestros hijos lo que es natural y, objetivamente, les ayudará a ser más felices. A lo que debemos poner objeción, a mi parecer, es a obligarles a realizar prácticas religiosas que requieren compromisos personales que deban asumirse desde una madurez que ahora no tienen. En eso, estoy de acuerdo en que seamos cautos y respetuosos. Ahora bien, si la religión es parte importante de nuestra vida, hagamos a nuestros hijos partícipes de esta realidad; ellos la irán moldeando en su espíritu, hasta la llegada de la madurez necesaria para tener su propia vivencia personal.

Patro Gabaldón. Redactora de Guiainfantil.com