¡Papá, mamá: os voy a contar un chiste!

Hoy ojeaba nuestra sección de chistes para niños y no he podido resistir la tentación de leer alguno. A veces los días son algo intensos y qué mejor que aligerar tensiones con unos chistes, aunque sean algo ingenuos, je, je:

Había tres amigos que se llamaban Tonto, Nadie y Ninguno. Tonto va y le dice al policía: - Nadie se cayó al pozo y Ninguno lo está ayudando. Entonces el policía le responde: - ¿Usted es tonto? - Sí, ¡Mucho gusto! No conozco a nadie que tenga "don de gentes" que no domine a la perfección el humor. Está demostrado que el humor es un arma muy potente contra el estrés, y todos estamos muy necesitados de él.

La risa libera hormonas del bienestar como la endorfina o la oxitocina, así que enseñar a reír a nuestros hijos, les colocará en una posición privilegiada para desarrollar habilidades sociales y para encontrar el equilibrio y la felicidaden la vida.

¡papá, mamá: os voy a contar un chiste!

Los chistes pasan de boca en boca e incluso de generación en generación. ¿Os acordáis de los chistes de Jaimito? Sorprendentemente, mi hijo me contó uno ayer. Trajo a mi recuerdo mis pequeños pinitos por ganar la aceptación de mis amigos y familiares. Aunque creo que lo hacía fatal, en mi casa eran muy indulgentes; algunas veces nos reímos más oyendo a nuestros hijos destripar un chiste, que por la gracia que nos haga el chiste en sí. Los beneficios de educar de manera positiva son muchos, y la mejor manera es que el niño experimente y viva la risa en su propia casa a través de los chistes, del humor y las relaciones familiares placenteras y divertidas. Los chistes son un estupendo vehículo para trasladar a los niños al mundo de la risa, esa risa alegre, divertida, y a veces nerviosa, de nuestros pequeños.

Contar chistes a nuestros hijos e incitarles a que aprendan chistes son una propuesta muy interesante de juego, además de ser una buena idea para acercarnos a ellos y sacudirnos el nerviosismo. Los chistes no sólo estimulan el buen humor y la risa de los niños (¡que es maravillosa!), además ejercitan la memoria, favorecen el aprendizaje de vocabulario y desarrollo del lenguaje, ayudan a la autoestima y establece vínculos afectivos y sociales. No dejéis pasar la oportunidad de empezar a introducir estas inyecciones de felicidad para la familia, los seis años son una buena edad para empezar.

Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com