En los primeros
seis meses de vida la movilidad de nuestros bebés es bastante limitada y estos meses serán los más tranquilos en lo que a su
seguridad se refiere. Pero a partir de esta edad sus
habilidades motoras tendrán un espectacular despegue y favorecerán que nuestros pequeños puedan estrellarse de cara con cantidad de
peligros que ni si quiera los padres sospechamos.
El
comienzo del gateo, jugar en el suelo,
andar libremente por la casa llamados por sus curiosidad por todo y a su afán por meterse todo lo que encuentran
en la boca, hacen de este periodo uno de los más peligrosos de la infancia. No hablamos esta vez de los
niños temerarios o traviesos sino de la potencial bomba de relojerÃa que supone cualquier "bebé común". Su insensatez es bastante generalizada.
Todos sabemos que la niñez es una etapa de inmadurez y
experimentación en la que los peligros se multiplican y en la que los padres necesitan echar horas extras para
evitar posibles accidentes. Hasta que empiece aflorar en nuestros pequeños algo de conciencia de
peligro o sentido común (cosa que no ocurre antes de los 3 ó 4 años), no debemos dejar de vigilar a nuestros pequeños intrépidos, al menos periódicamente, y anticiparnos a sus acciones, previendo los riesgos a su alcance.
La importancia de esta recomendación la veréis claramente cuando experimentéis, al igual que yo, los escalofrÃos que produce la visión de estas radiografÃas realizadas a bebés de entre siete meses y dos años. Pilas, tornillos, monedas, imperdibles... ¡nunca antes los habÃa visto a través de rayos x! Seamos conscientes de los peligros que rodean a nuestros pequeños y brindémosles la
seguridad de un hogar en el que
jugar y
aprender.
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Una moneda
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Un tornillo
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Un imperdible
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Unas pilas
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¡Gracias a Dios, los cuatro bebés salieron ilesos de su
voraz apetito...! Ahora podemos respirar tranquilos.
Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com