Cuando el niño sólo quiere estar con mamá

Alba CaraballoEditora de GuiaInfantil.com

Todos conocemos casos de bebés y de niños que tienen lo que se conoce como 'mamitis'. Se aferran a las piernas o los brazos de la madre y no quieren que nadie les toque, les coja, les dé de comer o juegue con ellos, ni siquiera el padre. Suele ser una etapa y responde, casi siempre, a uno o varios motivos: celos ante la llegada de un hermano, la madre vuelve al trabajo, se siente más seguro con mamá o ha de atenderlo una cuidadora durante el día.

Niños con mamitis

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Mi sobrina encaja perfectamente en el patrón de : 'niños con mamitis aguda'. Sólo tiene 13 meses, pero sabe siempre dónde se encuentra su madre, y si no está en su campo de visión comienza a llorar. Cuando intentas cogerla en brazos, extiende sus manitas hacia ella como pidiendo ayuda y llora si su madre no le presta la atención adecuada. Conozco otros casos de niños ya más mayores, sus madres no pusieron freno a esta excesiva dependencia y resulta chocante ver como un niño ya mayorcito no quiere estar alejado más de 70 centímetros del cuerpo de su mamá

¿Por qué algunos niños sólo quieren estar con mamá? 

- Entre los brazos de la madre todo les resulta más fácil y sencillo. Con ella han estado desde el principio y se sienten seguros a su lado.

- La llegada de un hermano puede hacer tambalear su pequeño mundo y reclaman más atención de su madre.

- Un cambio en su vida como comenzar en la guardería o cambiar de domicilio pueden hacerles sentir miedo o inseguridad y quieren aferrarse a quien más cariño, atención o seguridad que le proporcionan.

- Cuando la madre se incorpora de nuevo al trabajo es normal que ocurra, ya que antes tenían a mamá durante todo el tiempo para ellos solos y ahora gran parte del día tienen que estar lejos de ella. En esos casos, cuando aparece la madre por la puerta, ya no hay forma de apartarles de su lado.

Que el bebé o el niño sólo quiera estar con mamá, no significa que no quiera al padre o que rechace a otros miembros de la familia. Simplemente ocurre que con la madre ha vivido más momentos de apego como la lactancia y eso le hace sentirse más seguro y tranquilo con ella.

Esta fase pasará cuando el niño comience a ser más autónomo, aunque podemos ayudarle jugando con él un rato y luego saliendo de la habitación para que permanezca solo unos minutos. Podemos ir hablando con él para que sepa que estamos ahí, pero al mismo tiempo le hacemos entender que cada uno puede estar haciendo una tarea diferente. 

Papá puede ayudar realizando actividades atractivas para el niño: jugar a caballito con él, leerle un cuento, jugar con plastilina, enseñarle cosas divertidas... Serán pequeños momentos que irán intensificando la confianza.

En el parque podemos ayudarle a jugar con otros niños, tan sólo con el hecho de sentarnos con ellos y participar de sus juegos hasta que poco a poco, nos retiramos para que sean los niños quienes interactúen.