Qué desean y esperan los hijos de sus papás

Cómo padre, ¿sabes lo que realmente necesita tu hijo? No siempre es fácil, especialmente cuando los papás llevan una vida ajetreada y casi sin tiempo para dedicarse a sus pequeños. Sin embargo, estaría bien que los padres siempre tuviesen en cuenta lo qué los niños, estas criaturas tan vulnerables e inocentes, esperan y desean de ellos. He encontrado una carta que describe con sencillez y ternura, los deseos de los hijos.

Carta de un hijo a todos los papás del mundo

El afecto entre los papás y los hijos

No me des todo lo que te pida. A veces solo pido para ver hasta cuánto puedo recibir.

No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.

No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.

Cumple siempre las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es castigo.

No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir, y si me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufre.

No cambies de opinión tan a menudo sobre lo qué debo hacer; decídete y mantén esa decisión siempre.

Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender y valerme por mí mismo.

No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices.

Cuando yo hago algo malo no me exijas que te diga el "por qué lo hice". A veces ni yo mismo lo sé.

Cuando estés equivocado en algo admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti. Y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.

Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos; ya que por ser de la familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.

No me digas que haga una cosa que tu no la harías. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas; pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

Enséñame a amar y conocer a Dios. No importa si en el colegio me quieren enseñar; porque de nada vale, si yo veo que tú ni conoces ni amas a Dios.

Cuando te cuente un problema mío no me digas "No tengo tiempo para tonterías" o "eso no tiene importancia". Trata de comprenderme y ayudarme.

Quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.

ABRÁZAME, BÉSAME, HAZME CARIÑO… NECESITO SENTIRTE CERCA DE MI. Necesito sentirte mi amigo y mi compañero a todas horas.

Vilma Medina. Directora de GuiaInfantil.com