El abuso sexual a niños tiene un cómplice, el silencio

Los grandes conspiradores del abuso sexual a los menores son la vergüenza y el silencio. Da rabia pensar que después de tantos años de abusos y violaciones a niños, después de tanto material encontrado en videos y fotografias, que cuentan por decenas la cantidad de niños que han sufrido abusos, haya sido la vergüenza y el silencio los que han enmascarado un daño que podía haberse frenado antes.

Y es que el abuso sexual a niños tiene un cómplice, el silencio. Aunque, en general, se tiende a culpar a las autoridades del fracaso en las investigaciones de este tipo de delitos, la realidad misma hace patente que el silencio y la vergüenza de las víctimas son los verdaderos responsables del poco éxito en la detección precoz del abuso sexual a niños, incluso con violaciones.

El silencio y la vengüenza en el abuso sexual a niños

Niña acurrucada en rincón

El manejo de la situación que suele hacer el propio grupo familiar o las personas que rodean a la víctima impiden, en muchos casos, la intervención de las autoridades. Los motivos psicológicos son muy poderosos: la culpa (algunos creen que 'tuvieron algo que ver' para que esto ocurriera), el temor a la reacción del entorno y la vergüenza. Todo ello hace que el silencio tiña de oscuridad el tiempo que transcurre entre la comisión del delito y su denuncia. Esta prolongación favorece al agresor, incluso cuando existen lesiones físicas visibles o embarazo

La mejor respuesta para acabar con el silencio y la vergüenza es educar. Sólo mediante la educación a los niños sobre el problema lograremos vencer el primer obstáculo: la comunicación. Es muy necesario que todos los niños sepan que pueden ser víctimas de abuso sexual por parte de un adulto, incluso cercano, y que debe contarlo a su núcleo de personas de más confianza.

La mayoría de los menores que sufren algún tipo de abuso sexual terminan manifestándolo de alguna manera, normalmente de forma velada. Los cambios bruscos en su conducta, o difíciles de justificar, pueden revelarse como señales importantes a tener en cuenta, y para que se pueda hablar de ello es fundamental crear un clima de comunicación y confianza en la familia.

Los padres podemos sospechar que un menor está sufriendo algún tipo de abuso sexual cuando existen algunos indicadores físicos como moretones, infección urinaria, dolor al sentarse o al andar, sangrado… u otros indicadores de tipo psicosomático como los trastornos alimenticios (anorexia, bulimia…) o insomnio. Los cambios en la conducta también resultan bastante reveladores para los padres: desconfianza, introspección, tendencia al aislamiento, reproducción de conductas sexuales que no corresponden a la edad, agresividad, problemas escolares… o trastornos emocionales como ansiedad, depresión, sentimiento de culpa, miedos, pánicos y fobias, rechazo hacia algunos adultos, conflictos familiares… son algunas de las señales a tener en cuenta.

Y sospechas que los abusos se están produciendo, como padres debemos actuar de la siguiente manera:

1. Pregunta con tacto lo que le sucede. Presta atención a lo que cuente, a cómo lo cuente y a cómo reaccione.
2. Cree al niño. Los niños no suelen mentir sobre esto. Son raros los casos de niños que inventan una agresión sexual.
3. Convéncele de que no es culpable porque la mayoría de los niños que sufren abusos llegan a desarrollar un verdadero sentimiento de culpabilidad. No pueden comprender que se les haga daño sin haber una razón, sin haber hecho nada para merecerlo. Hay que dejarle claro que el culpable es siempre la persona mayor.
4. Asegúrale tu protección personal, tu apoyo y que harás lo posible para solucionar el problema.
5. Refuerza su autoestima y ayúdale a recobrar la confianza en si mismo/a.

Marisol Nuevo. Redactora de Guiainfantil.com