Demasiados estímulos enloquecen a nuestros hijos

Alba CaraballoEditora de GuiaInfantil.com

¿Recuerdas cuando unas cuantas chapas servían para echar emocionantes partidos de fútbol? ¿O una tiza era el elemento indispensable para bajar al parque y jugar a la rayuela? No teníamos ordenadores, ni tablets, ni móviles y... ¡jugábamos felices! 

Si bien es cierto que nuestros padres y abuelos nos decían que teníamos mas de lo que necesitábamos y que ellos cuando eran pequeños no tenían tantas cosas. Es ley de vida pensar que las nuevas generaciones lo tienen más fácil, sin embargo, en estos tiempos hay una cosa clara: los niños reciben demasiados estímulos.

Los niños de hoy en día están sobreestimulados

Exceso de estímulos en la educación de los niños

El mundo de la infancia se ha visto afectado por los tiempos que vivimos, en los que salir de casa sin el smartphone es como salir sin zapatos, o nuestro contacto con amigos es principalmente virtual. Al final, toda la vorágine tecnológica y las oportunidades que están a nuestro alcance tienen un impacto sobre nuestros hijos y hacen que estén sobre-estimulados porque:

- La tablet es el compañero indispensable de muchos niños.

- La televisión es un miembro más de la familia, la oferta televisiva permite que puedan estar saltando de un canal a otro sin parar de ver programas para niños. 

- La agenda de nuestros hijos está repleta de actividades extraescolares: inglés, deportes, música, pintura...

- El número de juguetes que tenemos en casa es tal que no hay lugar para el aburrimiento.

El día a día de nuestros hijos está repleto de estímulos visuales, físicos y sonoros. Reciben tal cantidad de información que es imposible que la canalicen y logren organizar y generar sus propios pensamientos o su propia forma de ver las cosas.

Según los expertos todo este exceso sólo conduce a que los niños:

- No puedan concentrarse en un juego o actividad porque en seguida otra cosa o juego capta su atención.

- No quieren leer libros o cuentos.

- Su vocabulario es más limitado.

- No tienen paciencia para hacer sus tareas, les cuesta esperar y perseverar en la consecución de un fin.

No podemos obviar que vivimos en una era tecnológica, y no podemos aislar a nuestros hijos y no permitirles que accedan o utilicen ciertos dispositivos, pero sí podemos controlar su uso y vigilar lo que hacen. También podemos acercarles los libros, los juegos en la calle, los paseos por la ciudad.... 

Y, sobre todo, podemos evitar crearles una agenda digna de un ministro y no llenar su día de estímulos y actividades. No estresarles innecesariamente o enloquecerles. No pasa nada si se aburren, de hecho los psicólogos nos dicen que así pueden desarrollar la fantasía, la concentración y la creatividad. 

Es posible de que tengamos que pararnos a pensar en cuántas cosas hacen nuestros hijos al cabo del día, en cuántos estímulos reciben y si éstos realmente les permiten disfrutar, aprender, avanzar, pensar, crecer... En definitiva, ser niños.