6 estrategias para parar al niño cuando escapa corriendo

Alba CaraballoEditora de GuiaInfantil.com

¿Cómo puede ser que cuando un niño echa a correr no hay quien lo atrape? Todos los padres hemos vivido en algún momento esa situación en la que nos despistamos un segundo y en ese momento nuestro hijo aprovecha para huir. Lo sorprendente de la situación es que en tan sólo nos instantes ha corrido tanto, que está a punto de cruzar una calle o ha desaparecido por el pasillo del supermercado.

Correr detrás de un niño parece fácil, ¿verdad? Sus pasitos cortos no parecen poderle llevar lejos y, sin embargo, en unos segundos son capaces de recorrer los metros suficientes como para estar en peligro antes de que les atrapemos.

Qué hacer para parar al niño cuando huye

Cuando el bebé sale huyendo

Los niños suelen huir muertos de la risa y nosotros, desencajados y echando el resto, no parecemos ser capaz de alcanzarles. A no ser, como me pasó a mi hace unos días cuando los tacones no me dejaban hacer un 'Carros de fuego', que un buen samaritano pare al bebé antes de que cruce la calle.

A los niños les encanta correr y esa sensación de libertad que les proporciona la carrera, y es que ellos no se dan cuenta de los peligros que entraña huir del lado de sus padres: un coche podría atropellares o podrían perderse. 

Atrapar al bebé o al niño cuando huye de los padres requiere entrenamiento, paciencia, anticipación y, sobre todo, estas estrategias: 

- Aunque grite y patalee porque no quiere estar en la silla, será lo mejor si crees que va a huir en un centro comercial o un lugar concurrido.

- Si quiere huir en el supermercado podemos proponerle ser partícipe de la compra: puede empujar el carrito o coger algunos alimentos de los estantes y ponerlos en la cesta.

- Darle la oportunidad de correr libre en un espacio donde pueda estar controlado y puedas vele en otro momento. No tiene por qué ir siempre en la silita, debemos encontrar momentos para que pueda desfogarse haciendo una caminata por el campo o por el bosque.

- Explicarle que si no huye, podrá salir de la sillita e ir con nosotros de la mano, pero que si va a echar a correr lo volverás a sentar y no podrá ir caminando.

- Hablarle de los peligros a los que se enfrenta en caso de que huya de nuestro lado e insistir en ello de forma constante.

- Si cuando el niño huye y tu le llamas no hace caso por más que te desgañitas, prueba el efecto contrario: 'A que no me pillas', infalible, el niño se parará en seco y volverá corriendo para intentar atraparte.