Cuando el enemigo del niño vive en su propio hogar

No hay más que ver los titulares de las últimas noticias, para percibir que vivimos un momento de mucha violencia familiar. El padre que asesina a la madre, denuncias de agresión de hijos a padres, la madre que maltrata a sus hijos... pufff..., no os quiero amargar el día, pero creo que, como padres, no podemos tapar los ojos, los oídos, y tragar tan desenfrenada violencia, sin hacer una reflexión más profunda sobre cómo estamos educando a nuestros hijos.

Cada día me convenzo más, por las noticias que leo, que la violencia reside más en casa que fuera de ella. Es más, nos olvidamos que el hombre o la mujer que hoy roba, asesina, que llega a abusar sexualmente o a maltratar a sus hijos, fue en su día un niño o una niña. No es mi intención justificar sus errores de hoy, pero lo que quiero decir es que no podemos ignorar el hecho de que lo que hacen hoy es, en muchos casos, el resultado y el reflejo de la educación que recibieron en su infancia.

Se puede predecir conductas violentas en la infancia

Maltrato infantil en casa

El psicólogo R. Loeber dice que hay tres patrones que pueden predecir algunas conductas agresivas y de violencia en los niños, y que en la adolescencia y en la edad adulta suelen agravarse e intensificarse:

1- Patrón de conflicto con la autoridad. Se refiere a las conductas desafiantes y desobedientes que se dan en la niñez. El niño que no respeta y no hace caso a lo que digan sus padres, que no tiene una familia que le exija compromisos ni responsabilidades. El niño que no tiene buenos ejemplos dentro de casa.

2- Patrón oculto. Se refiere a los niños que mienten, sin piedad, que cometen pequeños robos en la niñez. Se acentúa cometiendo delitos moderados como hacer mínimos daños a propiedad privada o robos menores a compañeros del colegio o a tiendas. Estas conductas delictivas pueden ir creciendo hasta que el individuo se convierte en un ladrón.

3- Patrón explícito. Se da en una niñez en formas de agresión clara, como el abuso físico, verbal o emocional a niños más indefensos y débiles. Es como un bullying, pero dentro de casa. Esas situaciones pueden conducir al niño a conductas patológicas de violencia, pudiendo llegar hasta el suicidio o el homicidio.

Loeber dice que es importante que los padres estén pendientes si se dan o no estos patrones en sus hijos y si se los han notado no minimizarlos y seguir despreocupados, al contrario atenderlos poniendo los correctores a tiempo en base en el modelo de la familia afectiva-estructura, ya que las omisiones y negligencias en la niñez se han traducido desgraciadamente en más crueldad, violencia y delincuencia en la adolescencia y en la edad adulta.

Y me pregunto: ¿Somos concientes de la educación que estamos dando a nuestros hijos? ¿Les educamos con nuestro ejemplo defendiendo sus derechos más básicos? ¿Qué podemos y lo que no debemos hacer hoy para que nuestros hijos sean felices y que puedan crecer siendo buenas personas, buenos padres o madres? Son tantas las reflexiones que me despiertan estos temas...

Vilma Medina. Directora de GuiaInfantil.com