Enseñar a pensar a los hijos, ¿es posible?

En alguna ocasión, he tenido que preguntar a mi hijo: ¿para qué tienes la cabeza? Una decisión tomada a la ligera, una solución impulsiva a un problema que ha traído malas consecuencias o hacer algo sin haberlo pensado demasiado son las razones fundamentales por las que les he llamado la atención. Aprender a usar la cabeza o a pensar antes de hacer las cosas es posible sin tropezar dos veces en la misma piedra. 

Pero, cómo podemos enseñar a nuestros hijos a encaminar bien sus pensamientos, a ser inteligentes a la hora de tomar decisiones, a actuar de forma positiva... Los psicólogos de familia han montando toda una serie de estrategias que ayudan a los niños y a los no tan niños a conducir de manera adecuada sus pensamientos, poniendo en práctica una serie de consejos útiles y vitales.

Consejos para enseñar a pensar a tus hijos

Padre con hijos estudiando

Igual que en cada familia damos más prioridad a unas cosas que a otras, lo mismo pasa con los valores en la educación de los niños. Cada vez más acostumbrados a manejar los manuales de autoayuda, sabemos que no todo sirve o al menos no todo puede adaptarse a cada uno en particular. No obstante, hay consejos que nos pueden servir de gran ayuda y que saltan o resaltan en nuestra lectura cuando estamos buscando algo que influya en el cambio que estamos buscando. 

Si quieres que tus hijos crezcan conociendo la importancia de saber pensar y quieres hacerlo bien, lo primero y más importante es que les enseñes a no engañarse, a ser sinceros y a actuar con coherencia. Más que enseñar a pensar, la función de los padres debe consistir en motivar a los hijos para que quieran pensar por cuenta propia y, para conseguirlo, hay que fomentar el diálogo en familia y el ejercicio mental de razonar, de defender una causa y de tener argumentos para tomar las propias decisiones.

Siguiendo esta línea, si queremos aprender a pensar, debemos aprender de los errores y descubrir el mundo de las equivocaciones, sus causas y sus consecuencias para rectificar. Y es que si pensamos que educar es, esencialmente, crecer en libertad y en responsabilidad, aprender a decidir bien resulta uno de los aspectos claves de esa tarea: cuanta más capacidad de decisión tengan nuestros hijos, más libres se sentirán.

Aprender a decidir consiste también en plantearse preguntas. Los padres debemos estimular, motivar, comentar y promover el clima adecuado para favorecer el planteamiento de muchos por qués, ya que el ser humano progresa planteándose nuevos problemas y buscando soluciones.

Pero si hay algo bueno para el pensamiento es aprender del pensamiento de los demás. Los libros son obras que alimentan la inteligencia y si son buenos, también pueden llenar el corazón. Por tanto, la lectura no sólo ayuda a pensar, sino que amplia el vocabulario y ayuda expresarnos con claridad para exponer ideas y decisiones. Fomentar el gusto por la lectura es una forma de enseñar a pensar a nuestros hijos.

Marisol Nuevo. Redactora de Guiainfantil.com