¿Tienen los niños y los bebés un sexto sentido?

Alba CaraballoEditora de GuiaInfantil.com

Hay niños que perciben fenómenos que los adultos no pueden explicar. Son capaces de relatar que hay alguien en su habitación, que han hablado con su abuelita ya fallecida o que tienen un amigo que siempre está con ellos. 

La película El sexto sentido trataba sobre este tipo de experiencias: niños que ven, sienten y perciben cosas que ni los adultos, ni la ciencia son capaces de dar fundamento.  La pregunta al respecto de estas experiencias es: ¿fantasía o realidad?

Niños que perciben fenómenos: ¿sexto sentido o imaginación?

Niños que perciben fenómenos

- 'Papá, hay un hombre sentado en mi cama que me está mirando'

Es tan sólo la experiencia que contaba una niña al despertarse sobresaltada a su padre, quien no pudo evitar quedarse aterrado cuando la pequeña relató perfectamente cómo era aquel señor y cómo iba vestido, utilizando palabras para alguna de las prendas que ella desconocía hasta entonces. Por muy escéptico que era el padre, miraba a un lado y otro de la habitación esperando... ¡no ver nada!  

Muchos padres pueden contar historias similares, de bebés que se quedan mirando a una esquina de la habitación, niños que parecen estar jugando con alguien u otros que relatan cómo pudieron ver y hablar con sus abuelitos, ya fallecidos. 

A los adultos se nos pone el pelo de punta con estas historias, pero ¿cuál es la explicación? Hay dos teorías bien diferentes:

- Para los creyentes en las teorías paranormales, la explicación es que los niños tienen un sexto sentido, que se pierde en la edad adulta y que les conecta directamente con el más allá o con las energías metafísicas. Lo asemejan a ese sentido que tienen las mascotas que perciben cosas que los humanos son incapaces. Para estas personas, los niños poseen una sensibilidad especial que les conecta con otra dimensión. Estas teorías explican por qué los bebés antes del año son capaces de percibir estas energías si todavía no han recibido muchas influencias externas.

- Para muchos psicólogos la explicación radica en la imaginación y la fantasía de los niños, quienes no saben separar muchas veces lo irreal de lo auténtico. Su intención no es mentir, ni asustar al adulto, crean un mundo de fantasmas, hadas o amigos imaginarios que les ayuda a desarrollar sus emociones y su creatividad. Es la etapa del pensamiento mágico de los niños. Tanto es así que pueden relatar cómo vieron a Papá Noel surcando el cielo o al Ratoncito Pérez salir cruzar su habitación tras dejar un regalo. 

Mundo real o mundo imaginario, no existe un motivo de alarma, normalmente estas experiencias ceden solas cuando el niño tiene entre 7 u 8 años. Tan sólo debemos preocuparnos si el niño se vuelve retraído, agresivo o no quiere cumplir con sus tareas. En ese momento, sí conviene consultar con un psicólogo.