Diferencias entre parejas con niños y parejas sin niños

Estefanía EstebanRedactora de GuiaInfantil.com

Las parejas sin hijos ni se imaginan lo que esos 'pequeñajos' pueden cambiar tu vida. A menudo tengo que aguantar estoicamente este tipo de comentarios:  'no será para tanto', '¿por qué vas a dejar de viajar?', 'mira que sois exagerados los padres'... Lo dicho, no tienen ni idea.

Tener un hijo no es como tener un perro. No puedes empaquetarlo cada vez que sales de viaje. No puedes esperar que obedezca dócil a tus llamadas. No puedes 'domesticarlo' en uno o dos meses. Necesitas toda la vida. Incluso, a veces, nunca lo consigues. Y sí, un hijo cambia tu vida para siempre, desde el momento en el que nace. Eso es algo que todos los que desean tener un hijo, deberían saber desde ya.

Monólogo de humor sobre las diferencias entre parejas con niños y sin niños 

Las parejas sin hijos, viven su vida sin temor a improvisar. Deciden hacer algo y lo hacen sin más. No hace falta hacer demasiados planes. ¿Quieres ir al cine? Pues vas. Una pareja con niños necesita planear. Una semana antes piensas: 'la semana que viene iremos al cine? ¿Qué película? ¿Es para niños? ¿A qué hora? No, que es muy pronto... no, que es muy tarde... ¿y la cena? ¿Llevamos gominolas?'.

Cuando sales de casa, no es lo mismo tener hijos que no tenerlos. Si no tienes hijos, sales de casa. Ya está. Tal vez tardes dos minutos más de la cuenta si olvidaste el móvil. Pero si tienes hijos, mejor que te armes de paciencia. Entre que les llaman, no acuden, olvidaron ponerse el abrigo, se pusieron al revés los zapatos, la cremallera que no sube, el pequeño que tiene ganas de ir al servicio (siempre en el último momento), la funda del sofá por el suelo, las peleas ... Los más previsores, ya cuentan con esos cinco o diez minutos de más y calculan de sobra el tiempo para no llegar tarde. Muchos otros, serán los eternos 'tardones' para el resto. 

Padre desesperado con hijos

Definitivamente, no es lo mismo. No, no lo es. En cuanto tienes hijos, se acabó ese momento de relax con el que disfrutabas todas las tardes. Y ese baño con velas y espumita. ¿Leer? Los libros se acumulan en tu mesilla de noche. Por no hablar de dormir. ¿Dormir? ¡Que utopía! Desde que tienes un hijo, ya no duermes más de 4 horas seguidas. '¡Mamááá!', '¡Papááá!' (aunque normalmente suele ser 'mamá'), 'Quiero hacer pis', 'Quiero agua', 'Tengo miedo' ... Y cuando por fin se duermen, tus ojos se entreabren a cada rato, de forma intermitente, sin saber por qué. Tal vez por esa lucecita de alerta que te queda para siempre en tu cerebro... 

Lo mejor de todo es que a pesar de todo esto. A pesar de los gritos mañaneros, de los nervios de punta, el estrés, de la renuncia a tus momentos de relax, del sueño perenne... a pesar de todo eso, te dices a ti mismo: merece la pena. ¿Seremos masocas?