En lo bueno y en lo malo soy muy parecida a mis padres

Desde que he adquirido conciencia, siempre he escuchado en mi casa a mi madre y a mis hermanos decir que soy igualita a mi padre. Físicamente, heredé un lunar al lado izquierdo de la mejilla, una melena oscura de la que ya no me puedo presumir y unos ojos negros, pequeños medio achinados, que casi no se me notan por las gafas que llevo. ¿Crees que es importante que los niños se parezcan a sus padres?

¿Qué aporta a los niños eso de parecerse a sus padres?

El parecido de los hijos a sus padres

Aunque siempre me ha gustado y en muchas ocasiones me ha enorgullecido parecerme a mi padre, a lo mejor por una cuestión de identidad, a mi me ha gustado mucho más parecerme a él por su carácter y temperamento. Es ahí donde todos dicen que le parezco a él, y cómo. Dicen que tengo un carácter fuerte e impaciente. Que siempre quiero hacer y probar de todo, y que no consigo quedarme sin hacer nada. En este sentido, siento que soy ‘clavada’ a mi padre. Camino súper rápido y además soy incansable como él. Sin embargo, aunque todos digan que he salido a mi padre más que a mi madre, no estoy de acuerdo. Mi madre tiene virtudes que felizmente las heredé yo, como el positivismo, entusiasmo y sabiduría. Además, estoy segura de que mi pasión por la cocina viene de ella, mientras mi amor por los viajes viene de mi padre. Parecerme a mis padres no me ha cambiado ni ha determinado nada en mi vida, pero me siento muy agradecida de ser su hija.

Cuando una pareja tiene a un bebé es muy habitual que busquen entre los rasgos de su pequeño alguno que tenga a ver con el suyo. A quién ha salido el bebé, ¿a mamá, a papá, a la abuela…? Lo cierto es que muchas veces la genética nos trae sorpresas y el bebé no se parece a absolutamente a nadie. Conozco además a unas niñas gemelas que no se parecen en nada a sus padres y que encima, una ha salido rubia y la otra morena, una con ojos verdes y la otra marrones… Y me pregunto: ¿Hasta qué punto es importante que haya parecidos?

Creo que el ser “clavadito” a la madre, al padre o algún otro familiar, no es importante para los niños. De hecho, qué me dicen de los niños adoptados, ¿serán menos felices que los biológicos porque no son tan parecidos a su papá o a su mamá? Nuestra hija, físicamente, no se parece a su padre ni a mí, pero basta con verla para saber que es nuestra hija. Tiene una sonrisa larga y preciosa como la de su padre e una facilidad para reírse como la de su madre. ¡Y es feliz!!! ¿Qué más podemos pedir?

Vilma Medina. Directora de GuiaInfantil.com