Síndrome de la guardería o las constantes enfermedades del bebé

Alba CaraballoEditora de GuiaInfantil.com

Durante los meses de otoño e invierno, las guarderías se convierten en un hervidero de virus y bacterias. Da igual la higiene y limpieza que las encargadas mantengan, porque bronquitis, gastroenteritis, faringitis y demás 'itis' campan a sus anchas y pululan de un bebé a otro sin tregua ninguna.

A todas estas enfermedades que sufre el bebé durante sus primeros años de Escuela Infantil, que son tan temidas por constantes y persistentes se les conoce como "síndrome de la guardería".

Qué es el síndrome de la guardería 

Qué es el síndrome de la guardería en bebés

El síndrome de la guardería es temido por muchos padres, y es que los bebés pasan de enfermedad en enfermedad sin descanso alguno. En realidad no son enfermedades que revistan gravedad, son infecciones típicas de la infancia pero sí producen un gran trastorno en el niño y en los padres que pueden pasar noches en vela limpiando mocos y calmando toses.

Como madre de varios niños que lo han pasado, tengo dos noticias para aquellos padres que se estrenan: una buena y otra mala. La mala es que es complicado escapar al síndrome de la guardería, casi imposible, hay que pasarlo. La buena es que a medida que el niño crece, su sistema inmunitario se hará más fuerte y el ritmo de enfermedades irá decreciendo. Cuando vaya al colegio, podrá coger algún catarro o gastroenteritis pero, habrá pasado lo peor.

Durante los años de guardería, los niños pueden sufrir varias infecciones al mes, esto es debido a:

- El contacto con otros niños: el contagio de la mayor parte de virus es por contacto y en estas edades los niños no mantienen ningún tipo de distancia con otros a pesar de que los mocos les lleguen hasta la barbilla.

- Los niños tienen una baja inmunidad a los gérmenes, su sistema de defensa está poco desarrollado y es campo abonado para algunas enfermedades comunes. 

¿Qué podemos hacer los padres para reducir el síndrome de la guardería?

- No llevar al niño a la guardería si presenta síntomas, aunque sean leves, así evitaremos la propagación.

- La higiene es una gran aliada, sobre todo para evitar el contagio del resto de miembros de la familia, lavarse bien las manos y no compartir los utensilios del bebé es fundamental.

- Terminar de curar bien el resfriado antes de que el niño vuelva a la guardería, un resfriado mal curado puede derivar en una infección más grave como conjuntivitis, otitis o bronquitis.